DEMASDEMASIADO PROGRE PARAm MACRI

“Así como la monarquía terminó con el feudalismo y la república terminó con la monarquía, la democracia popular terminará con la democracia liberal burguesa y sus distintas evoluciones democráticas de que hacen uso las plutocracias dominantes”
Juan Domingo Perón

"EL PERONISMO NO SE APRENDE NI SE PROCLAMA, SE COMPRENDE Y SE SIENTE"
EVITA


Vamos a ver como es...


Vamos a ver cómo es…



Eduardo de la Serna




Curiosamente, para algunos especímenes, la democracia es “cratos” pero sin “demos”, o con un “demos” a nuestra imagen y semejanza.
En realidad, podríamos señalar que algunos pretenden apropiarse de tal modo de las palabras que parecen haber ganado la batalla del lenguaje. Parece que una justicia “independiente”, o un periodismo “independiente” es tal y como yo lo sostengo, mientras que los contrarios / adversarios / enemigos son “dependientes” de ideologías, o de poderes extraños. Aunque yo sea “dependiente” –para empezar- de mi propia ideología, o de mis empleadores / sponsors / o del “poderoso caballero”, me ubico del lado de la independencia mostrando a los otros en el “otro lado”. Algo parecido ocurre cuando se oye hablar de “economista heterodoxo”, porque “otros” tienen asegurada la ortodoxia, ¿ortodoxia de qué? ¿No se puede considerar ortodoxo un economista que contribuya o propugne la justa distribución del ingreso, o la generación de riquezas para todos? ¿Por qué –o mejor, de qué- es ortodoxo un defensor del modelo que mostró su ineficacia para los pobres, para la independencia del país, para la justicia?
Resulta que en una misma dirección, se apropian de la palabra democracia los que manifiestamente desprecian al pueblo (= demos) y sus opciones.  Mitre habla de la “dictadura de los votos” (sic), Binner de las causas que el populismo tiene en las muertes de los pobres por la violencia de los adversarios, Macri de la marcha más importante de la historia, desconociendo todas aquellas –incluso recientes- que la superaron en número, Carrió convocando a presionar a los “representantes del pueblo” para no debatir proyectos de ley, Solanas hablando de la mala calidad de los votos de ciertos lugares, Capriles en Venezuela, Franco en Paraguay, Lobo en Honduras, los fujimoristas en Lima, Perú, los de la “media luna” a Evo, en Bolivia, y la prensa “independiente” en todos esos lados despreciando, rechazando, o negando al “demos” para remedar al monárquico “L’état c’est moi”.
Y en este contexto –faltaba más- habla la jerarquía de la Iglesia, y lo hace sin pedir permiso. Que hable de la independencia de poderes una institución que no lo aplica, resulta extraño; hablar de la alternancia en el poder aquellos para los cuales el poder absoluto es además perpetuo, resulta por lo menos anómalo. Particularmente anómalo cuando más de una vez las opiniones no se hacen después de sesudos análisis bíblicos y teológicos, y luego de medulares hermenéuticas, sino que parecen fiel reflejo de las opiniones de los poderosos, los ricos, y los que –además- no están de acuerdo con la independencia de poderes (“¿democratizar la justicia? ¡Jamás!”), y que cuando hablan de alternancia parecen querer decir “debe cambiar este”…
Cuando algunos logran apropiarse de las palabras (¿por eso tanta oposición a la “ley de Medios”?) ganan el discurso, especialmente el que está introyectado en cada uno de nosotros. Ganan el discurso sobre la “seguridad”, sobre la “justicia”, sobre la “patria”, sobre todos los temas centrales que luego dan sustento a las opciones, y a los proyectos. Es verdad que siempre quedan espacios más o menos sensatos, más o menos abarcadores, más o menos populares de resistencia; hay ocasiones en las que el monopolio les es arrebatado y el discurso único se quiebra dando lugar a las “opciones”, a la posibilidad real de “elección”. Pero inmediatamente intentarán nuevamente cooptar la palabra. Lo que crispa, es el gobierno, no el hambre, la desocupación, la miseria; la ideología es la de “los otros”, perversa, deformadora, mientas lo que nos mueve a nosotros es “equilibrio”, objetividad; finalmente, somos “la gente”, el pueblo, si no ¿dónde está? Y somos sus exégetas ortodoxos, los garantes de la verdadera democracia. Porque es evidente que un gobierno que ha sacado solamente el 54,11% de los votos no puede pretender representar al pueblo, como sensatamente lo pretenden Carrió, Macri, Patricia Bullrich. ¿Cómo era María Elena eso de que “un ladrón es vigilante y otro es juez”?

Gracias Ricardo

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