Debenida en punta de lanza de los sectores ya no, más reaccionarios, sino gorilas con pelos incluso en la lengua, se propone ser la pornostar de este bailando por un voto, ( la versión Altamira hasta me parece más ética y decente) que intenta hacer piruetas en un caño que se tambalea por todos lados.
Como primer punto y para lograr autoconvencerse de que son la garantía de la patria, comienzan por, aunque digan lo contrario, ignorar el resultado de las urnas, lo que implica que, o nos tratan de boludos o son unos miserables hijos de puta o ambas cosas a la vez. En esta posición debemos ser directos y no andarnos con vueltas, ronda la teoría del voto calificado como cosa casi indiscutible, aunque son pocos los que lo enuncian, todos los actores de este sainete flirtean con la idea.
De ahí que la escritora, anuncia el matutino "...como un intento de pensar las claves de este nuevo país, de ayudar a responder algunas de las preguntas que puede estar haciéndose la mayoría de la sociedad...". Acá debemos recordarles que la mayoría de la sociedad legitimó y convalidó las políticas de este gobierno hace apenas una semana.
Como segundo eje nos queren apabullar con "prestigio". Los reportajes serán en "La Nación" y serán realizados por la ensayista y filósofa "Beatriz Sarlo". UOUHHHH!!!
No se si podré soportar tanto por tan poco. ¿Aumentarán el precio de tapa? ¿Durante la emisión de los reportajes el diario saldrá en tapa dura?
Las pastillitas que en los días previos a este lanzamiento nos fue dando la Sarlo, nos hablan de una mirada sesgada y de un odio que escapa a todo análisis desapacionado.
Es un médico que todo lo resuelve con enemas, no importa si tenés revoltijo de estómago o una uña encarnada, preparate el agua jabonosa porque la cosa va por ahí.
Ustedes recuerdan al personaje de la película Ratatouille, Anton Ego, el crítico gastronómico, hagan memoria y fíjense en la expresión de la cara, en la mirada. Bueno, a Beatriz Sarlo no hay plato que le venga bien y para peor, a diferencia del personaje de la película, ella ya supone que son ratas apestosas quienes le preparan la comida.
Recomendarle a una filósofa leer a un escritor vulgar es como una herejía, pero había un gordo que alguna vez escribió "Nada grande se puede hacer sin alegría".
