La salud se compra y se vende El negocio de la gripe porcina
Fecha de publicación: 27/04/09
Como en este planeta donde vivimos la ambición desmedida no tiene límites y peor aún, nada para un capitalista de los buenos le impide tomar cualquier tipo de acciones que busquen la tan ansiada rentabilidad de sus empresas, se me ocurrió investigar un poquito sobre ¿quién se beneficia del brote del virus de esta enfermedad?
Pues señores, actualmente se dispone de medicamentos para el tratamiento de las personas con infecciones por gripe porcina. El Centro de Control y Prevención de Enfermedades de Estados Unidos en Atlanta (CDC) recomienda el uso de Oseltamivir y Zanamivir para el tratamiento o la prevención de la infección por los virus de la influenza porcina. Éstos medicamentos son producidos por dos corporaciones farmacéuticas: El Oseltamivir es un medicamento antiviral selectivo contra el virus de la influenza. Lo produce Roche bajo la marca Tamiflu, y el Zanamivir es un inhibidor utilizado en el tratamiento de la profilaxis del virus A y B de la Influenza. Actualmente es comercializado por Glaxo Smith Kline bajo el nombre registrado de Relenza, siendo el único tipo de Zanamivir en el mercado.
Como podemos ver, existen dos compañías que producen los “remedios” para este brote que, de manera “imprevista”, empieza a hacer estragos en EE.UU. y México. Como solamente existen dos proveedores de los productos referidos, los gobiernos de ambos países no tendrían mucho de donde seleccionar para adquirir los medicamentos que lograrían controlar esta enfermedad, por consiguiente, tanto Roche como Glaxo serían los principales beneficiados en todo este asunto.
Lo más curioso es que, al revisar el comportamiento accionario de Roche, se anunció un desplome de sus acciones para el pasado 22 de abril y, aunque usted no lo crea, la gráfica que muestra las variaciones durante los últimos 10 meses de sus cotizaciones en la bolsa evidencian un descenso progresivo cuyo nivel más bajo en 2009 fue registrado para el 09 de marzo en la Bolsa de Zurich. En criollo, la trasnacional farmacéutica va “pa´ lo abajo”.
La situación de Glaxo no es muy diferente que digamos. Para el primer trimestre de 2009 perdieron 1,5% en comparación con las ganancias que los expertos proyectaban para el mismo período. Si bien esto no suena muy alarmante, la apreciación del bienestar financiero de la empresa se ve sumamente comprometido al observar una caída vertiginosa en el precio de sus acciones desde mediados de febrero de este año.
Con esta situación desventajosa que muestra un comportamiento a la baja muy similar en ambas compañías, la semana bursátil arrancará con las farmacéuticas convertidas en protagonistas de todos los índices. Ya el viernes pasado, algunas de las grandes cotizadas recogieron importantes subidas, como el gigante suizo Roche o la estadounidense Gilead Sciences, con la que compartió royalties por la comercialización del tamiflú, la vacuna antiviral más popular para combatir el brote de gripe aviar surgido durante 2002.
En definitiva, tenemos a dos multinacionales que requieren una dinamización de su producción para reducir las pérdidas e incrementar las ganancias. Estas empresas, recuérdenlo muy bien, no están conformadas por personas altruistas que sólo buscan extender la salud de manera desinteresada en todo el planeta. El fin último es la ganancia y el lucro a costa de lo que sea. Quizá y dado este escenario, no sea una casualidad el surgimiento de este virus. Los mercadólogos lo saben muy bien “crea una necesidad que sea satisfecha por lo que vendes y tendrás al mercado rendido a tus pies”.
Si en el mundo se provocan conflictos y guerras para vender armas, ¿no es igualmente posible generar brotes de virus y enfermedades para vender medicinas?
Son ellos o nosotros (Agrup. 25 de Marzo)
Se nos pide que creamos que un triple traidor se volverá leal con sus votantes y que hará como diputado todo lo que no hizo como funcionario, gobernador o diputado.
Que una mujer que es la sucursal ideológica del Cardenal Primado de la Argentina y que es vicejefa de una despiadada experiencia neoliberal, será la garantía de la diversidad, el bienestar y la tolerancia.
Que un niño rico que desgobierna la principal ciudad del país, a la que convirtió en una réplica a escala del país menemista de los noventa, no hará lo mismo con el país entero.
Que una desequilibrada que oye voces y basa su carrera política en denuncias amontonadas sin sustancia ni solución, será una presidenta óptima..
Que es lógico que los empresarios despidan gente “por las dudas”.
Que toda la resaca menemista-duhaldista puede ser la garantía del futuro.
Que un partido anquilosado y muerto, colaboracionista de todas las dictaduras, es el ejemplo de la democracia.
Que creamos que si los patrones agrarios se guardan sus riquezas sin contribuir con el Estado, todos seremos más felices..
Que estemos seguros de que el monopolio desinformativo más grande del país será el garante de la libertad de expresión.
Que el diario vocero de los estancieros y ladero de todas las dictaduras militares de la historia, es el faro de la democracia.
Que los opinadores rentados del estáblishment son observadores independientes.
Que un traidor enquistado en lo alto del poder, cuál topo, desde donde trabaja para derribar al gobierno que integra, es un patriota.
Que setenta mil gorilas de Barrio Norte y Recoleta son el pueblo.
Que insultar, ningunear, desdeñar y difamar es ético, dialoguista y pacífico.
Esperan que creamos que el país se hunde.
Que los planes van a fracasar.
Que el dengue nos va a matar a todos.
Que la inseguridad es absoluta.
Que hay que instaurar la pena de muerte.
Que los chorros nacieron chorros.
Que los pobres lo son por naturaleza o designio de Dios.
Que la democracia es lo que sale en las encuestas telefónicas.
Que la “opinión pública” porteña es el reflejo de todo el país.
Que los viejos golpistas de siempre son demócratas puros.
Que antes que el populismo distribucionista es preferible la dictadura del mercado.
Dos modelos de país se juegan en junio. El modelo actual que puso al país nuevamente de pie después de la postración terminal de 2001 o el modelo menemista que volverá para terminar de destruirlo.
Los campos están bien delimitados, las cartas a la vista.
SERA EL PUEBLO QUIEN DECIDA...
Son Ellos o Nosotros.
¿Qué es ser progresista? Por Andrés Larroque
Por Andrés Larroque *
Se acercan las elecciones y en la ciudad de Buenos Aires se repiten las mismas melodías que, tras varios comicios, nos han llevado a la situación actual: la derecha en el gobierno, atendida por sus propios dueños.
Vuelven a invocarse las palabras “progresista”, “amplitud”, “centroizquierda”, etcétera. Ahora bien, ¿qué será ser progresista? Se pueden dar muchas definiciones, pero hay un elemento que no debe pasarse por alto. Se trata de un argumento incontrastable: se es progresista –o no se es– siempre frente a un contexto determinado, en función de las acciones que en ese contexto desarrollan tal fuerza política o tal dirigente.
Tristemente, la realidad política de la ciudad no termina de reconocer esta cuestión. Aquí el mote de progresista es algo que viene dado, se es progresista en abstracto. Se es progresista si se tiene un tono de voz mesurado, si las convicciones se defienden hasta el punto de no ofender ningún interés, si –por supuesto– se mantiene la mayor distancia posible de esa “enfermedad” argentina que se llama peronismo. En definitiva, se es progresista si no se hace nada; ni bueno, ni malo.
Los porteños hemos visto claramente el resultado de esta política. Esta concepción fue gobierno en la ciudad durante seis años. Por acción o inacción, por falta de audacia o desinterés hacia los sectores populares, esa concepción terminó causando un notorio desencanto del electorado porteño con la forma de gobierno del progresismo. Los errores de esos seis años fueron los que dejaron el campo abierto para que la derecha ganara en la ciudad. Una derecha que no tiene nada de tímida, ni de mesurada; por el contrario, gobierna de acuerdo con sus intereses y su base social.
En suma, ignorar la responsabilidad del pseudo progresismo en la llegada definitiva del gobierno que hoy padece la ciudad es tapar el sol con un dedo y seguir jugando a las escondidas en un distrito clave por su influencia nacional. Como señalaran la presidenta de la Nación, Cristina Fernández, y el ex presidente Néstor Kirchner, el sentido de las próximas elecciones trasciende la realidad local. Se trata de plebiscitar un modelo en los albores de una crisis internacional de dimensiones aún desconocidas. Este es el contexto en el que se define quién es progresista y quién, en todo caso, es reaccionario, retardatario y antipopular. Este es el contexto en el que los argentinos tenemos que definir si ratificamos el rumbo de un proyecto que comenzó a caminar en 2003 y que, por las profundas transformaciones realizadas en la Argentina, ya nos permite hablar de un modelo.
Haber reconstruido la Argentina; la institucionalidad, la economía, los valores democráticos, la Justicia, la dignidad nacional, la producción y el trabajo como pilares del desarrollo, entre tantos logros, no ha sido gratis. Una derecha new age organizada y construida desde los medios de comunicación, con las mismas concepciones de 1880, se ha puesto como objetivo innegociable terminar lo antes posible con este proyecto, con este modelo. Mientras tanto, los amigos “progresistas” miran el techo y deshojan la margarita de la mezquindad para ocupar media banca más. Quieren recuperar el espacio político que perdieron con los dos últimos gobiernos de la Argentina. ¿Por qué Cristina y Néstor ganaron el espacio que habían perdido los autoproclamados progresistas? Simplemente por el hecho de hacer lo que aquéllos proclamaron en infinidad de ocasiones y nunca realizaron.
Se es progresista si se defiende este modelo. Esta es la discusión que hay que dar con sinceridad, sin mezquindades, ni especulaciones. El juego de la escondida, en la ciudad, ya sabemos cómo termina. Ahora tenemos la oportunidad de comenzar un camino distinto que signifique defender el proyecto político que ha transformado la realidad del país y que abre una opción de futuro. Todo lo otro, lamentablemente, ya lo conocimos.
* Secretario general de La Cámpora.
El uso político de los muertos - José Pablo Feinmann

Contratapa|Domingo, 12 de Abril de 2009
Sobre el uso político de los muertos
Por José Pablo Feinmann
De un muerto se puede decir cualquier cosa. No podrá refutarla. De un muerto se puede hacer cualquier uso. No podrá negarse. De un muerto, cualquiera puede reclamarse heredero. No estará para desautorizarlo. De un muerto se podrá decir que fue malo, que fue bueno, que fue tiránico, que fue arbitrario, que no robó pero dejó robar. No estará para defenderse. Si de los hechos lo que importa son las interpretaciones (según estableció genialmente Nietzsche y siguió Foucault y nosotros, aquí, ya lo sabíamos), de los hechos de la vida de un muerto todos podrán dar infinitas interpretaciones, menos el muerto. El muerto, en suma, está desarmado, está solo, no tiene voz, su opinión no importa porque, sencillamente, no puede emitirla. No puede negar las infamias, ni los inventos, ni los usos desvergonzados que se hacen de él. Si se levantara de la tumba volvería a morirse o mataría a todos los vivos o los vivos (con algún pudor, con algo de honor vigente aunque deshilachado) huirían de él o le pedirían disculpas o morirían de indignidad. Con lo que se transformarían en muertos y pasarían a ser desvergonzadamente utilizados, manipulados como todos los que suelen incurrir en ese hábito tan inconveniente para quienes ceden a él: morirse. De modo que lo mejor es no morirse. Pero, de morirse, conviene morirse en el momento adecuado. Pareciera ser ésta una modalidad radical. Illia se muere en plena campaña del ’83. ¿Qué mejor fortuna para la campaña radical que actualizar la figura del viejito bueno, honorable, que no robó, que no reprimió, que subió con el 22 por ciento de los votos en elecciones fraudulentas, amañadas por oscuros militares antidemocráticos, pero que –suponemos, porque era, sí, una buena persona y un político con pudor democrático que no habría querido seguir la farsa exclusionista del rencoroso Estado Gorila del ’55; suponemos, repito– habría dado elecciones libres, con el peronismo incluido, al final de su mandato? Así, el fantasma de Illia revoloteando por sobre ese peronismo de horrible y cercano pasado (Ezeiza, la Triple A, López Rega, Isabel), con un líder firmante del decreto de “aniquilación de la guerrilla”, con un hombre sin coraje ni convicciones como para decir –como Alfonsín dijo– “no dicten la ley de autoamnistía porque la vamos a derogar”, ese Illia, digo, besa la frente del enérgico, inspirado Alfonsín del ’83 y sólo resta contar los votos para llegar a la felicidad. Dijimos que morirse en el momento adecuado pareciera ser una modalidad radical. Illia se muere para darle el tono ético a los radicales del ’83: “Nosotros no somos ese bandalaje de Ezeiza. Somos un partido de gente bien, herederos de viejitos buenos, que estamos con la vida y no con la rabia”. Ahora –¡a poco tiempo de los comicios!– se muere Alfonsín. ¡Qué bocado para los oportunistas de toda estirpe y condición! Es un regalo del Cielo. La última bendición que ese hombre que vivió para el partido podría darle. Tanto vivió Alfonsín para el partido que durante las jornadas en que la policía de De la Rúa, estado de sitio mediante, perseguía fieramente a los manifestantes de la Plaza de Mayo, molía a palazos a hombres y mujeres, hacía fuego a matar –y, en efecto, mató: hubo cadáveres en esa Plaza–, Alfonsín, desde un ventanal de la Rosada, se agarraba con desesperación la cabeza y exclamaba: “¡Dios mío, esto es el fin del partido!”. Ahora, a ese partido que amó durante toda su vida, le ha hecho el último favor: morirse en época electoral. Y no sólo eso: ¡se murió mientras Cristina estaba de viaje y el inefable Cleto Cobos era Presidente en ejercicio de la República! Cobos –hombre de enormes, ilimitadas ambiciones– habrá proferido: “¡Gracias, Don Raúl! ¡Me la dejó picando!”. Y si no me creen: miren las fotos de Cleto durante la marcha austera del cortejo fúnebre. El no va austero. Está contento, sonríe ganador, saluda hacia los balcones con su mano derecha levantada, o la izquierda. Créanme: Dios está con Cobos. ¡Presidente de la República durante las honras fúnebres a Alfonsín! Dios o el Diablo o el sentido más profundo de la Historia están con Cobos. Sólo hay algo que no está con Cobos. Cobos. Cleto Cobos es el peor escollo que tiene este político hasta hoy afortunado en su carrera inocultable hacia el lugar que ambiciona: la presidencia en 2011. Si no fuera Cobos, con la suerte que tiene y con las limitaciones racionales que exhibe el electorado citadino desde hace ya unos años, era cantado: Presidente en 2011. Pero no: Cleto Cobos tiene limitaciones casi insalvables. No son las partidarias que tenía Alfonsín. (Nota: Uno no puede estar escribiendo todo durante todo el tiempo. Hace casi un mes, antes que se desatara este vendaval santificador, en el N° 71 de los textos sobre filosofía del peronismo que publico en éste, mi diario, como bien dice Osvaldo Bayer, porque lo sentimos y lo sabemos nuestro, hice un amplio, un positivo retrato de Alfonsín. Beto Brandoni y Héctor Olivera, dos alfonsinistas pasionales, podrían dar testimonio de todo le que le dije al Beto en un momento de amargura que tuvo por lo que él sentía como una falta de reconocimiento para con Alfonsín. De modo que no voy a cantar loas aquí, ya que sería, además, un abuso al que todos fuimos sometidos.) Quien, Alfonsín, era capaz de pasarse horas averiguando cómo andaba el partido en Curuzú Cuatiá o en Rafaela o en Venado Tuerto, mientras, él me lo contó, un tipo tan valioso –un prócer ya olvidado de la política argentina– como Carlos Auyero esperaba cruzar unas palabras con él. Alfonsín amaba a su partido. Cleto Cobos no. Cleto no ama nada. Salvo a Cleto y su estrella. Pero tiene, dijimos, limitaciones serias. Cleto Cobos no tiene, por ejemplo, la cara de Hegel. La inteligencia no brilla en ella. Pero es gracioso. A mí, lo confieso, me interesa el hombre. Se habrá acaso observado que no hablo de la llamada “oposición”. Es tanto lo poco que me agrada que hasta me disgusta teclear sus nombres. O que aparezcan en un texto mío. Elijo algunos rodeos si no tengo más remedio que señalarlos: “Esa señora que tiene a Dios de gurú y consulta con él todas sus decisiones”. O “ese alegre muchacho de los ’90 devenido gran estadista en el siglo XXI”. O “esas agro-caceroleras que hablan de la condición prostibularia de la Presidenta porque aseguran haberla visto en los burdeles en que trabajan”. Pero con Cleto no. Cleto me cae simpático. Es tan patético, es tan transparente, tiene una ambición tan desmedida que no puede ocultarla, se le ve todo el tiempo. Por ejemplo: la noche del voto “no positivo” vuelve a Mendoza en auto, no en avión. Porque –luego de haber hecho una magistral actuación acerca de la reflexividad profunda, del sincero desgarramiento que le reclamó su decisión histórica– se fue a recorrer las provincias y a recibir, con los brazos en alto, a lo campeón, las ovaciones de medio país. O durante el sepelio de Alfonsín. Lo que había que hacer era claro. Ese día había que usar al ilustre muerto para la solemnidad de la despedida final. Si despedir a ese tío medio tonto que sólo sabía contar chistes verdes en los almuerzos del domingo requiere –el día de su entierro– cierta dosis de seriedad, de cara pesarosa, de cara que diga: “Qué momento tan triste. Era un tarado pero lo vamos a extrañar. ¿Quién nos va a entretener con esos chistes pelotudos ahora? Hasta los ravioles van a tener otro gusto”, ¿qué cara requerirá despedir al “padre de la democracia” argentina? Había una sola cara para ese día: “Con él muere la democracia. O lo poco que de ella queda luego de estos años de crispación autoritaria”. Ese era el uso señalado por las usinas ideológicas que prepararon el Operativo Alfonsín para la coyuntura: entierro. Cleto no. Cleto es fresco, la vida le gusta, todo le sale bien. Alfonsín se murió para él. Para que él capitalizara todo, estuviera al frente porque así lo dice la ley: Presidente que viaja, se jode. Asume el vice. Y aquí está él, asumiéndolo todo. Y sonríe, y mira hacia lo alto, hacia la gente en los balcones y... ¡saluda con su mano en alto! “¡Bajá la mano, Cleto! –le dice alguien a su lado–. Esto es un entierro. No ganaste la maratón de los barrios. ¡Un poco de cara de orto, por Dios, Cleto!” Inútil: Cleto saluda feliz. No va al cementerio. Todo paso que Cleto da lo lleva directo al 2011.
El uso que se ha hecho de Alfonsín es obsceno. Todos mienten. Los que lo querían de verdad no armaron ningún operativo, lo lloraron y punto. Yo lo quise mucho a Alfonsín. Me alegró su triunfo en 1983. Lo prefería antes que a Luder. Antes que al peronismo, que debía esperar, que no estaba listo. Puede decir Luis Gregorich si no lo llamé la mañana siguiente al 30 de octubre de 1983 para felicitarlo. Puede decirlo Andrés Cascioli, que me invitó a volver a Humor porque yo me había ido y, en efecto, volví para seguir durante seis años. Pero es una ofensa que nos vengan con eso del padre de la democracia. ¿Qué somos, tarados? Señores, antes que Alfonsín estuvo Yrigoyen y la democracia se la ganó con revoluciones que le doblaron la mano al régimen conservador. Y el primer peronismo (pese a su autoritarismo o, en alguna medida, gracias a él) significó una inclusión de los pobres en la esfera de la civilidad, una democracia social que llevó a la clase trabajadora a aumentar en un 33 por ciento su participación en el ingreso nacional. (¡Si eso no es democracia! A los pobres no se los alimenta con las palabras “república” o “instituciones”. Se los alimenta con alimentos, con trabajo, casas de material, educación.) Y la democracia (¡y qué democracia, qué primavera!) yo la conocí con Cámpora, con el discurso de Righi a la policía, el de Vázquez en la OEA, la libertad para leer, para ver todas las películas del mundo, para discutir. Para el protagonismo popular. Para llevar Shakespeare a las villas con Gené, Pepe Soriano, Laplace, Briski. Hasta que vino Perón y se pudrió todo. Y la democracia empieza a regresar cuando las bestias de la dictadura se suicidan en medio de su locura de sangre. Cuando Galtieri dice: “¡Que vengan, les vamos a presentar batalla!”. Y con la multipartidaria. Y con las Madres. Y con la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos (donde, claro que sí, estuvo Alfonsín). Y con la huelga obrera del 30 de marzo de 1982. Y luego –ya con el gobierno reconquistado– viene el gran momento alfonsinista del 84/85. El Juicio a las Juntas. Lo insultó la Sociedad Rural. Lo acosó (como luego ni por asomo acosó a Menem) el sindicalismo peronista. Y lo tiraron los empresarios con el golpe de mercado y la hiperinflación. Seguiremos hablando de él. Sólo esto: si el mercado es libre, ¿cómo es posible que le haya hecho un golpe a Alfonsín? ¿Acaso alguien lo maneja entonces? ¿Por qué creerán que somos tan tontos? ¿Será por eso que son tan desvergonzados? Los empresarios –el capitalismo concentrado agro-financiero– lo tiró a Alfonsín porque éste no aceptó hacer lo que Menem hizo alegremente durante la negra década del ’90. De todos sus méritos, éste es el que menos se le ha reconocido durante estos días. Porque a Alfonsín lo tiraron los mismos que hoy lo usan para agredir a un gobierno que, en muchas cosas, lo continúa. Alfonsín no fue privatista, buscó siempre no debilitar al Estado, enfrentó a la sed de ganancias de la Sociedad Rural, a la Iglesia y a los magnates de la patria financiera, juzgó a los grandes genocidas y apostó siempre a los derechos humanos. ¿Quién se le parece más, Cristina Fernández o la oposición mediática y cacerolera?
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Comedor Los Pibes - Comunicado de Prensa
Así funcionan algunos exponentes de la nefasta vieja y nueva corporación política: en nuestra ciudad, el mejor exponente, MauriSSio Macri (con M de Muerte y Miseria) transforma el complejo recreativo y deportivo infantil y espacio de contención para los pibes humildes PUERTO PIBES en Escuela de Policía, Puerto Rati, profundizando la represión contra la situación de injusticia social.
Denunciamos la política que intenta tapar la pobreza, metiéndola debajo de la alfombra. La injusticia y la miseria, verdadera inseguridad en la que aún vivimos millones de compatriotas solo se superará con mayor distribución de la riqueza, construyendo en la realidad una Democracia Justa y Solidaria.
Nos sumamos a todo tipo de repudio y a cualquier acción que los vecinos y las organizaciones del lugar desarrollen para impedir este nuevo intento de violentar la vida cotidiana de los más humildes del opulento norte del Gran Buenos Aires.
Lito Borello, Coordinador Nacional Comedor Los Pibes (15-5451-2139)
La ausencia de grises
Opinión
La ausencia de grises
Por Eduardo Aliverti
Alfonsín es una de las figuras más difíciles de totalizar, analíticamente, que haya dado la historia argentina. El periodista, éste, lo afirma en lo general y en lo personal. A cada paso en que se está a punto de defender su trayectoria, algo frena y dice “no, fue un transero que acabó siendo funcional a los intereses de la derecha”. Y a cada paso en que se queda al borde de decir eso, se dice “pero bueno, fue un tipo decente, con muchas limitaciones propias y ajenas, que hizo o supo hacer lo que pudo dentro de las fronteras de este sistema”.
Esa antítesis es, quizá, un correcto punto de partida para evaluar a Alfonsín. O sea: ubicar el lugar desde el que puede juzgárselo. Y hay dos lugares. Uno es el de lo que debió haber hecho visto con una perspectiva marcadamente ideológica, implacable, digamos que de izquierda en la acepción más global pero también más precisa de ese término respecto de su carácter humanístico, solidario, valiente, movilizador. El lugar, vamos, gracias al cual la izquierda es mejor que la derecha. Desde ahí, desde ese sitio legítimo, Alfonsín defeccionó. Se rindió o jugó mal, como se quiera. Pero, en cambio, si lo vemos desde una mirada igualmente válida en cuanto a honestidad intelectual, basada en que no fue ni podía ser más que lo dictaminado por su condición de político burgués, provinciano, alejado de todo contorno de líder revolucionario, puesto en circunstancias muy tironeantes, resulta que hizo más de lo que podía esperarse. Desde ese lugar y desde 1983, Alfonsín y Kirchner, por ponerlo en nombres concretos, representan lo más a la izquierda que comprobablemente se banca esta sociedad sin que eso quiera decir que uno haya sido, y el otro sea, de ese palo. Con la mirada uno, Alfonsín promovió las leyes contra la impunidad cuando, al margen de varas morales, el bando militar ya no tenía poder de imposición. Y por analogía, le regaló a Menem el Pacto de Olivos bajo una excusa de democracia amenazada que sólo existía en su cabeza. Con la mirada dos, en cambio y, también, sólo para ilustrar, se enfrentó a la Iglesia aunque el cuero que le sobró para impulsar la ley de Divorcio no le dio para derrotarla en el Congreso Pedagógico; y afrontó a los milicos con una apuesta a la que, bien o mal, no se le animó ningún país latinoamericano ni del mundo. ¿Una mirada neutraliza a la otra, o pueden valer las dos?
Hace casi veinte años, a pocas horas de haberle entregado el poder a la rata de manera anticipada como producto de la impericia de su partido, del hartazgo popular y del fenomenal “golpe de mercado” que le pegaron todas las fuerzas reaccionarias juntas, este periodista cerró su columna en este diario opinando que se despedía un gobierno considerablemente peor que lo imaginado por el más pesimista de sus críticos, cinco años y pico atrás; y bastante mejor que lo sugerido por ése, su triste final. Hoy, quien firma se copia a sí mismo respecto de aquel razonamiento porque, a su juicio, se contienen en él las parábolas de Alfonsín. Porque en ellas se simboliza mucho de la idiosincrasia y de los avatares de esta sociedad; de su clase media muy en particular; y de una forma más específica todavía en cuanto a cómo se construye la política desde el partidismo tradicional, que ya no existe porque fue reemplazado, para peor, por haraganes varios que saben manejarse en la dictadura televisiva de la producción de sentidos y a partir de ahí hallar la cuadratura del círculo para resolver la inseguridad, bien que no ni la pobreza ni el hambre.
Con Alfonsín se fue alguien que encarnaba al rosquero; a la decencia individual; a la creencia de que por fuera de peronistas y radicales no sirve nada; a la cobardía de dejar pasar la historia por al lado cuando claudicó ante los milicos; al coraje de un costado relativamente épico que le permitió juzgarlos; a la enorme capacidad de diagnosticar y tejer poder para después no saber cómo usarlo; a la pasión militante, que tanto se extraña; al católico que se salteaba algún mandamiento; al que para (intentar) salvar a su fuerza partidaria entregó la/su República en manos del más canalla de los conmilitones; al enorme orador de carisma invicto, con artilugios retóricos que ya están en la historia y con otros que la historia no le perdonará, o no debería perdonarle; al gorila; al desgorilizado; al de los sueños truncos por sus contradicciones ideológicas. Con Alfonsín se fue un tipo que escenificaba algo de lo mejor y de lo peor de nosotros, en los graderíos que cada uno quiera darle a una cosa y a la otra. Por eso, su muerte provocó tristeza o melancolía, más allá de que se las vio concentradas sólo en los sectores medios; y de que el impresionante despliegue comunicacional que las reflejó tuvo un indisimulable tufillo a aprovechamiento político, en el sentido de oponer una imagen de hombre ilustre y dialoguista contra la irritación que despierta el Gobierno actual por su pugna con algunas facciones del establishment. Vaya casualidad, porque resulta que hasta su deceso no se le ocurrió a nadie que él era el hombre que la Argentina necesitaría en este momento. Sin embargo, eso no quita que la congoja fue auténtica. Lo cual es un mérito, más vale. En este país hubo y hay demasiada gente pública que adentro de un cajón despierta clima festivo o indiferencia. Y cabe dudar de que alguien se haya alegrado por la muerte de Alfonsín.
Posdata: firmando solicitadas, robando cámara y micrófonos gracias a la pasividad de comunicadores que les sacaban frases como si fueran monjas de clausura, entrando al Congreso y/o al pie del féretro, se vieron algunas criaturas mediáticas devenidas en profesionales de la política, por cierto que engendradas en el vientre social, que debieron ausentarse si es que se trataba, como dicen, de llorar a un demócrata. Se vio a la dirigencia gauchócrata que se cansó de putearlo en la Rural, se vio a los que lo acostaron en el ’89, se vio a egregios socios comerciales de la dictadura, se vio a unos cuantos de los que supieron caracterizar al alfonsinismo como una patota judeo-comunista, se vio, en síntesis, a muchos de los que militan por instaurar una democracia de sus intereses de clase. Que los correligionarios del muerto los hubiesen echado de ahí habría sido mucho pedir: de hecho, buena parte o una mayoría de ellos participan de coaliciones políticas y sociales que reclaman acabar como sea con un gobierno al que denominan “el régimen”. Pero no es desmedido, en cambio, recriminarles a esos filibusteros que hayan puesto el cuerpo, en lugar de haberse guardado sus lágrimas de caimán. No tenían nada que hacer en ese acompañamiento post mortem, en el que se honraba a un hombre de la democracia. Algunas horas a destiempo: tómenselas de ese velorio. Si acaso era cuestión de proveer a la defensa común, promover el bienestar general y asegurar la libertad siquiera para el bla bla del Preámbulo, ustedes no tenían nada que hacer ahí, manga de fachos.
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Si entre ellos se pelean
MOVIMIENTO DE AFIRMACION YRIGOYENISTA
Criticamos y cuestionamos la postura del presidente de nuestro partido Gerardo Morales y de la diputada Silvana Giudici frente al proyecto de ley de medios de comunicación.
Están colocando a nuestro partido al servicio del lobby de las grandes corporaciones empresarias de medios de comunicación.
No debatir una nueva ley de Radiodifusión, es un ataque y una contradicción con las banderas y tradición histórica del radicalismo que sostuvo en todas sus plataformas electorales desde 1983 a la fecha la necesidad de impulsar una ley de regulación de medios plural y democrática.
No puede negarse que la ley de radiodifusión vigente desde los tiempos de la dictadura militar tiene que adaptarse en forma urgente a la realidad.
El radicalismo no puede quedar entrampado en el lobby de intereses y desperdiciar la oportunidad de que la república tenga una ley de radiodifusión de la democracia.
Renunciar al debate es resignar la posibilidad de lograr la mejor ley de medios de comunicación para la democracia.
Los medios de comunicación se rigen por una norma de facto que ha sido y es ventajosa para algunos intereses hiperconcentrados de la comunicación de masas.
Dr. CESAR E. WEHBE
MAY NACIONAL
PRESIDENTE
“Los antikirchneristas me tienen podrido”.

Apo: “Los antikirchneristas me tienen podrido”.
Nota tomada de http://www.mpliberacion.com.ar
Miércoles 1ro de abril de 2009
El periodista deportivo de Radio Continental fue tildado de "oficialista" por Víctor Hugo Morales y Jorge Lanata cuando defendió al aire el proyecto de Servicios de Comunicación Audiovisual del Gobierno. Alejandro Apo contó a Política&Medios los detalles del entredicho y ratificó que está de acuerdo con la iniciativa porque le va a sacar el monopolio del fútbol al Grupo Clarín.
El episodio se desarrolló el domingo pasado, durante la emisión del programa de Radio Continental "El Gran Domingo". Víctor Hugo Morales charlaba con el director del diario Crítica de la Argentina, Jorge Lanata, sobre un artículo de su autoría (Otelo en la cruzada contra Clarín) publicado en las páginas de ese medios acerca de la nueva Ley de Radiodifusión que presentaría el Gobierno días más tarde.
Lanata planteó que la norma "bien puede empezar a hacer justicia, pero esa justicia no puede hacerse desde el rencor de una tapa o el negocio del fútbol: no puede ser tan miserable el espíritu de ninguna ley".
Sin embargo, Alejandro Apo intervino para opinar sobre la televisación del fútbol monopolizada por Clarín: "Jorge, celebremos que el gobierno le va a cortar el negocio a esta gente". Esto le valió una respuesta con tono de reproche por parte de Morales: "A Alejandro le salió el grito oficialista", dijo.
Apo habló con Política&Medios para relatar los hechos y expresar su opinión sobre la propuesta presentada por la presidenta Cristina Fernández para reemplazar la norma de radiodifusión de la dictadura.
¿Qué fue lo que pasó entre usted, Víctor Hugo y Jorge Lanata al aire de radio Continental?
Fue una charla en la que yo expresé mi opinión. Tanto Jorge Lanata como Víctor Hugo estaban de acuerdo con que la ley era muy buena. El tema es que ellos agregaron un análisis posterior que tenía que ver con la implementación de la ley y lo que haría el Gobierno con ella. Yo no llegue a eso, porque a mí lo que me interesa es que los saquen a estos tipos del fútbol. Con Víctor Hugo siempre discutimos ideas, no compartimos, pero siempre digo lo que pienso. Yo lo único que hice fue pensar, y no le gustó nada a Lanata, y a Víctor Hugo tampoco. Lo que hice al aire fue alegrarme de que le sacaran el negocio que tienen estos tipos con el tema del fútbol, pero después lo que hiciera el Gobierno con esa ley, es otro cantar. Por el momento, me pongo feliz de que intenten sacare el negocio a estos tipos, eso está bárbaro. Después me llamó mucha gente para solidarizarse.
¿Lo llamó algún funcionario?
Me llamaron allegados. Pero esto es lo que va a generar esta ley, le va a sacar poder a esta gente que tiene contratos hasta el 2014, por decir un lapso de tiempo. Esto le quita el monopolio a Clarín, no te olvides que Carlos Ávila y demás le vendieron todo a esa empresa.
¿Se sintió incómodo?
No. Lo que le dije es que (Víctor Hugo) me dejara participar y él me cargó y me dijo que me había agarrado un ataque de oficialismo. Nada que ver. De hecho ni los voté, ahora sí los voy a votar. Yo soy un tipo muy crítico e independiente. La verdad es que soy muy crítico con los Kirchner, pero lo que pasa es que con los antikirchneristas soy muy kirchnerista, pero porque me tienen podrido.
¿Alguien lo presionó después de esto?
No, nadie me dijo nada. Nadie me presionó ni nada y eso que son todos anti oficialistas. La radio nunca me llamó para decirme "qué dijiste a favor del Gobierno". No me dijeron nada.
¿Corre en riesgo su trabajo en radio Continental?
No, de ninguna manera. Y si me rajan, estoy totalmente defendido. Del grupo de Continental, soy el tipo más afín al Gobierno, porque le veo las cosas positivas que no le ve esta gente, que para mí se basa en el odio antes que en el análisis. Por ejemplo, yo a Nelson (Castro) no lo escucho más, porque la rabia que tiene por el matrimonio le impide ser equilibrado. Lo mismo con (Joaquín) Morales Solá. Esto más allá de que el Gobierno genera esta antipatía. Pero no creo que sean los únicos culpables de la inseguridad, los únicos culpables de todo. Si pagan la deuda está mal, si no la pagan está mal; si coparticipan está mal, si no coparticipan está mal; si lo deja a Julio Cobos en el Gobierno está mal, si lo echan está mal, todo está mal.
¿Porque la oposición por la oposición misma?
No sé. Lo único que sé es que generan un odio que nunca vi, y no sé por qué, y me llama la atención. Con el tema del adelantamiento de las elecciones, la oposición dice que es una maniobra porque están debilitados y que su imagen está deteriorada. Si esto es así ¿por qué no le meten los votos y listo? No entiendo eso, parece que lo que le plantea Cristina es un fusilamiento. No entiendo, porque si creen que están acabados públicamente deberían ganarles y listo. Tampoco comprendo por qué tanto rechazo al adelantamiento de las elecciones.
¿Y el rechazo a la nueva ley de Radiodifusión?
Hay que tener en cuenta que con esto se rompe el negocio, la monopolización por ejemplo de los partidos de fútbol. Es muy jodido lo que toca la nueva ley de radiodifusión, son muchos los intereses. Pero sobre la charla que tuvimos al aire, lo que dije ni siquiera fue pro gobierno, lo que expresé es que esto nos sacaría de encima a estos tipos que habían hecho el negocio hace un par de años. Lo que analizaron después, y que a mí me parece desequilibrado, es qué van hacer después con la plata. Pero eso lo veremos después, ahora es otra cosa. Por ejemplo, todos decían que a (Julio) Cobos lo iban a secuestrar, que le iban a secuestrar a la mujer y a los hijos, y otras cosas más. Ahora sigue siendo el titular del Senado, se hace cargo del país cuando Cristina viaja, se junta hablar con los del campo, con toda la oposición; hace lo que quiere y no le hicieron nada. Le digo esto a un opositor de la Casa Rosada y me contesta: "No le hicieron nada porque no les conviene". Me llama mucho la atención el odio que generan.
Desiré Cano
PARTE DE GUERRA
El día 25 de marzo de 2009, las 20.25 hs el Comando Tecnológico Armando Bo de la JP Descamisados procedió a interferir la señal emanada por el Satelite INTELSAT a través del cual transmiten su señal Canal 13, TN (Todo Negativo) y Radio Mitre, todas empresas pertencientes al Gorilopolio CLARIN.-
La acción fue desarrollada por las TEI (Tropas Especiales de Interferencia) mediante la colocación de un artefacto (de fabricación en la Telescuela Técnica Montonera) conformado por una budinera y una percha, que orientadas con las coordenadas que nos legara el General Peron, lograron interferir la señal del Grupo Económico.-
Unas horas antes, los cipayos del gorilopolio CLARIN, comenzaban a transmitir el infame rostro de la mentira, representado en la persona de Sergio Lapegüe, minúsculo personero de la desinfromación popular, hijo del General Lapegüe, ladero de Bussi en Tucuman.
Una vez más el Ejército Descamisado demuestra que no hay barco, avión, lancha, cama, pared o satélite donde los enemigos del pueblo puedan esconderse.
Como nos enseñara el compañero y cantautor Bombita Rodríguez, no hay lugar, siquiera en el espacio sideral, donde las fuerzas del odio y la mentira puedan sentirse seguras.
Su debilidad lo muestra esta operación.
Por cada infame mentira del enemigo, Cinco interferencias habremos de provocarle.-
Que Dios, Nuestro Señor, se apiade de su Señal.
¡PERÓN O MUERTE!
¡VIVA LA PATRIA!
LOS SATELITES SON DE PERON
JP DESCAMISADOS
Ley de radiodifusión - Ahora o nunca
Opinión
Ahora o tal vez nunca
Las siguientes líneas versan sobre un tema que a la mayoría de esta sociedad le importa un pito. Aclarémoslo de entrada, porque de lo contrario habría quienes puedan pensar, con todo derecho, que el periodista perdió relación con la realidad. O por lo menos, con la realidad que le interesa a esa mayoría.
Los factores de ese desinterés son diferentes pero concurrentes. Más a muy pocos que a muchos puede ocurrírseles ubicar en un lugar privilegiado de sus inquietudes cotidianas el punto de quiénes manejan la radio y la televisión. Y si acaso es modificable. Es un tema al que pueden dedicarse quienes tienen resuelto con alguna comodidad las urgencias coyunturales. También es cierto que, para que la cuestión pudiese alcanzar algún nivel de atracción popular o clasemediera (sobre todo esto último), se necesitaría que los medios habilitasen su difusión y debate con el mismo encomio que le dedican a los profundos pensamientos de Susana Giménez, a la batalla de egos entre Riquelme y Maradona o a que sus periodistas circunspectos pongan cara de “qué nos pasa a los argentinos”, sólo por ejemplo. Y, sobre llovido mojado, hay una crisis internacional de la hostia, elecciones adelantadas, ruralistas otra vez de paro y en las rutas, rabinos que comparan a Kirchner con Nerón, curas que convocan a la pena de muerte y, en fin, un clima generalizado de expectativas desfavorables. Por tanto, el intento de someter a discusión pública el proyecto de nueva ley de comunicación audiovisual tiene tanto de loable como de destino dudoso, por fuera de algunos ámbitos muy específicos. Los multimedios, y alguno muy en particular, no quieren saber absolutamente nada de debate alguno porque, aun cuando saliesen airosos en los números parlamentarios, el sólo hecho de abrir un cotejo de ideas dejaría desnudos sus intereses corporativos. Algunos obrarán ninguneando y otros, como ya ocurrió esta semana, saldrán con los tapones de punta a decir que se trata de amordazar a la prensa y/o que, en todo caso, el momento de crispación que se vive no es lo más adecuado para discutir qué se hace con la radio y la televisión. Nadie saldrá a decirles que hace 25 años que “no es el momento”, y si sale lo ignorarán. La batalla, entonces, se dirimirá en el Congreso si es que la propuesta aterriza allí, con el enorme riesgo de que tanto legislador sensible a los generosos aportes críticos de los medios independientes termine tumbando la ley. Si en la reyerta por la 125 jugó la especulación de con qué cara volverían a sus ciudades y pueblos en caso de no acompañar al “campo”, imaginemos el frío que les correrá por la espalda de sólo pensar lo que les espera si votan en contra del interés de los emporios mediáticos. En síntesis, se sale con dos o tres goles abajo, desde el vestuario, por la enormidad de una correlación de fuerzas desfavorable, en la que se conjugan el poder de una prensa virtualmente monopólica con la flaquísima percepción social acerca de que los medios de masas son decisivos en la determinación de cómo se vive, de qué se consume, de cómo se piensa, de qué se actúa. Y todo esto, sin contar siquiera como hipotético que el oficialismo, más allá de que la propuesta está muy bien elaborada, no esté dispuesto a que la ley pueda ser usada como prenda de cambio para favores electorales.
Bajo semejante panorama hay dos probabilidades: taparse con la frazada de la cabeza a los pies porque no se advierten chances objetivas de continuar avanzando, o dar la pelea en la seguridad de que merece ser dada, porque los medios son una herramienta estratégica de cualquier construcción política que se precie de tal. El firmante no comparte que la única lucha que se pierde es la que se abandona. Se lucha y se pierde tranquilamente. Pero es irrebatible que nunca se gana si jamás se lucha, y ésta es una lid que se justifica. Sería espantoso que los kioscos narcisistas de la progresía política e intelectual le sacasen el cuerpo a que, tras un cuarto de siglo, pueda derrotarse a la ley que los milicos y sus amanuenses civiles (es al revés, en realidad) nos dejaron como rémora casi invicta, como no sea por modificaciones que encima sirvieron para profundizar sus negociados de comunicación concentrada. Sería lamentable que la izquierda no comprendiese como tácticamente imprescindible el consolidar un campo de acción mucho mejor que el actual, para desarrollar un crecimiento concreto a través del manejo mediático. Sería imperdonable seguir recluidos en divagues retóricos, a la espera de la revolución proletaria universal, en lugar de aprovechar para ocupar lugares. Sería todo eso porque ratificaría que la vocación de poder se acaba en proyectos personalistas, y en acaparamiento de tribus de centros de estudiantes de la facultad, y en dar conferencias. Sería todo eso porque avalaría que lo progre y lo rebelde no sabría qué hacer con medios de comunicación propios y afines, por falta de capacitación pero, antes, por ausencia de claridad conceptual.
¿Qué carajo puede cuestionársele, con honestidad ideológica, a que dos tercios del espectro de radio y televisión puedan quedar en manos del sector público, de organizaciones sociales, de universidades, de cooperativas, de sindicatos? ¿Cómo se hace para no estar en contra de que un único permisionario tenga en la misma zona de influencia el diario, la radio, el canal abierto, el canal de cable? ¿Cómo hacemos para oponernos a que haya la posibilidad de que el fútbol no sea un gueto pago manejado por una corporación de atorrantes? ¿Qué decimos? ¿Que no hay que hacerle el juego al kirchnerismo? ¿Y qué cazzo nos tiene que importar el kirchnerismo, que al fin y al cabo no es más que una circunstancia de la disputa interburguesa, si quedan favorecidas condiciones objetivas de ocupación de espacios? Pero más que eso, en lógica de carácter transitivo: ¿entonces le hacemos el juego a Clarín, para ejemplificarlo con alguna cabeza de turco emblemática? ¿Eso vamos a hacer? ¿Vamos a detenernos para siempre en que este mismo gobierno es el que le renovó la licencia televisiva a ese grupo, y el que visteó la fusión de sus empresas de cable, y el que se dio cuenta recién ahora –como la rata en su momento– de que sale muy caro lo barato de comprar medios y periodistas como concepto de política comunicacional? Vamos: se puede reparar en eso para no comer vidrio, pero no paralizarse en eso. Porque quedar paralítico ahí es ser funcional a los intereses del sistema.
Siempre Gramsci, después de todo. Con el pesimismo de la inteligencia y el optimismo de la voluntad. La inteligencia da, para volver al comienzo, que esto le importa más bien a nadie. Y la voluntad es la inteligencia de que hay que aprovechar. Aun si se pierde, será mejor que haberse dedicado a masturbaciones de sectas y proyectos individualistas.
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No todos piensan eso
Las personalidades de la cultura hablan de pena de muerte y mano dura
No todos piensan eso
El debate empezó mediático y farandulero, y pareció unánime. Pero está lejos de serlo: artistas, periodistas y creadores contestan las simplificaciones de los Tinelli y las Susanas.
La polémica fue abierta el 27 de febrero, el día en que fue asesinado el florista Gustavo Lanzavecchia, colaborador y amigo personal de la actriz y conductora de TV Susana Giménez. Con los ojos llorosos y a los gritos, la diva se puso el traje que alguna vez lució Juan Carlos Blumberg. “El que mata tiene que morir, no me importa si esto afecta mi imagen”, dijo Susana con voz firme. Fue justamente la imagen, y sobre todo sus palabras, las que recorrieron el país. “Basta de derechos humanos para los delincuentes. ¿No hay derechos humanos para las víctimas?”, bramó la estrella de la TV y pronto la siguieron manifestaciones similares, en boca de Sandro, Cacho Castaña y otras figuras mediáticas. Después vinieron algunas desmentidas y aclaraciones, pero la cuestión quedó instalada y el programa Intrusos en el espectáculo, que conduce Jorge Rial, sin abandonar el chisme barato, se convirtió en un “foro” donde se discutían temas como la seguridad y los cambios que debían hacerse en materia de legislación penal.
Un día después de sus primeras expresiones, durante una visita a la provincia de San Juan, Susana Giménez aclaró que sus palabras “el que mata tiene que morir” habían surgido en un momento en que estaba “re-caliente y dolida” por el asesinato de su amigo. De todos modos, como si fueran los responsables de la violencia, volvió a cargar contra los que defienden los derechos humanos. “Todo el mundo sabe dónde se vende la droga que enloquece a los chicos de las villas, y ahí tendrían que ir los de los derechos humanos a meterse, porque están matando a toda una generación.” Lo dijo como si los organismos de DD.HH. tuvieran poder de policía y como si no existiera la policía.
Los dichos de Susana fueron avalados por muchas personas anónimas, y por algunos famosos, como Roberto Sánchez, el popular Sandro, que primero pareció apoyar a la diva de la tele y luego aclaró, en comunicación telefónica con Telenueve, que entendía el dolor de Susana, pero que él no quiere la pena de muerte. Se quejó, eso sí, porque “no puede ser que los criminales estén sueltos y nosotros tras las rejas”. Después, Cacho Castaña dijo ante los medios que “el violador merece la pena de muerte”. Hasta Guillermo Coppola, el ex manager y ex amigo de Diego Maradona, al sufrir el asesinato de un conocido, su personal trainer Hernán Landolina, tuvo su intervención en el tema.
En ese caso, la que reflotó la pena capital fue la suegra de Landolina: “Nadie está haciendo nada. No podemos salir a la calle. Hay que hacer como dijo Susana Giménez, matarlos”. Más reflexivos, artistas como León Gieco, Susana Rinaldi, Roberto Carnaghi, Soledad Silveyra, Jorge Marrale, Pepe Soriano, Hugo Arana, Alejandro Dolina, Mex Urtizberea y Miguel Cantilo, o periodistas como María Laura Santillán, Nelson Castro, Alejandro Dolina, Adrián Paenza y Guillermo Andino opinaron sobre el tema, consultados por Página/12.
“A la altura del asesino”
- León Gieco (músico): “Tengo la impresión de que ni Susana Giménez ni ninguno de los que han salido a hablar ‘a favor’ de este tipo de castigos sabe qué son. En el fondo, hablan desde el deseo de tomar justicia por mano propia. El inconveniente es que si entrás en el “ojo por ojo”, te ponés a la altura de los asesinos. Y todo esto se produce de cara a un sistema judicial embrollado: hecha la ley, se preparan las trampas. Cómo será de laberíntica la pirámide legal argentina que hace décadas que se intenta castigar a los militares genocidas y todavía están los que se las ingenian para zafar. Toda esta situación genera ansiedad: dejarse llevar por esa locura es convertirse en poco menos que un inquisidor. La respuesta real tiene que venir por el lado de la educación, la salud y el trabajo. Referirse a la pena de muerte con tanta insistencia es un distractor que señala la presencia de dos cosas concretas: mucha pena y mucha muerte. Por otro lado, si le damos tanta manija a esa clase de declaraciones, estamos en problemas. Esta semana, Susana dijo que había que mandar a los chicos a la colimba para que no entren en el paco y no estén en la calle ¡Como si el Ejército fuera una familia, o un centro de atención al adicto!”
“Justicia, no venganza”
- Adrián Paenza (matemático, escritor, periodista): “Como sociedad, intentar a volver a la época del ‘ojo por ojo y diente por diente’ es un paso hacia atrás. Tanto, que cada paso dado es un siglo de retroceso. No me molesta que se discuta el tema; hay que ofrecer el debate si es necesario. Pero creo que necesitamos darnos la Justicia que corresponde. Yo tengo una posición formada en contra de la pena de muerte. El castigo debe ser dado por los carriles de la Justicia y no quitando la vida. Sé que cuando alguien sufre una pérdida de un ser querido o es víctima de un hecho violento, la reacción primaria que surge es la de tomar venganza. Sin embargo, justamente nos diferenciamos de los animales porque somos racionales. El raciocinio es garante de la conservación de la vida social de los seres humanos. Así como hay una marcha de la pena de muerte, yo iniciaría una marcha silenciosa a favor de la Justicia”.
“Hay que ofrecer proyectos”
- Roberto Carnaghi (actor): “Me asaltaron hace quince días, pero no quiero entrar en rencillas ni opinar si Susana Giménez tiene razón o no. Propongo cambiar el eje. Básicamente, considero que no tiene ningún sentido seguir discutiendo sobre la pena de muerte. La inseguridad es un problema que se viene gestando desde hace mucho tiempo y todos somos en alguna medida responsables. No se va a acabar con más policía, ni con más violencia (de paso me pregunto: ¿por qué no se pidió la pena de muerte para los torturadores de la dictadura?). En síntesis: acá hay un problema de pobreza, de educación y de un modelo de país que no terminamos de definir. Mientras no logremos integrar esos ejes sin mediación de las balas, el clima de conflicto seguirá. La vida tiene que ver con un proyecto, y tenemos que ofrecer proyectos a aquellos pibes que no los tienen. De lo contrario, no habrá solución, por más que pongan a un policía por persona”.
“Esto empezó en los ’90”
- Guillermo Andino (periodista): “Habría que empezar reconociendo que los problemas tienen antecedentes. En los ’90, la Argentina cayó en un pozo. Hoy tenemos dos o tres generaciones que no sólo no conocen lo que es trabajar, sino que no saben lo que significa que un padre trabaje. Ahí entra a calar la marginalidad, la idea de que la vida vale poco. En consecuencia, enfrentamos este ambiente tenso. En el contexto en que vivimos, hay que considerar que la mayoría de las personas tiene una primera reacción ante lo que le sucede, y otra que se da cuando pasan unos días y se ha tenido tiempo de pensar mejor. Lo aclaro porque a mí me pusieron un revólver en la cabeza el otro día a la salida del canal, y obviamente me enojé mucho. Entonces hay que considerar esos dos momentos, porque opino que muchos de los que salen a hablar ‘en caliente’, transcurrido un lapso no pueden continuar sosteniendo su opinión con herramientas racionales. Eso sin tener en cuenta que las estadísticas demuestran que ese tipo de medidas extremas no tiene incidencia en las tasas delictuales. Evidentemente, estamos frente a una encrucijada que es real y que no se va a ir porque matemos. La única forma de que un delincuente tome conciencia del mal que hizo es la prisión efectiva que a la vez lo prepare para una nueva oportunidad. Sólo avanzaremos en este punto en la medida en que surjan planes amplios capaces de prolongarse en más allá de los gobiernos de turno”.
“Hay un tufillo político”
- Pepe Soriano (actor): “No quisiera que esto sea considerado una opinión en favor o en contra de lo que se ha andado diciendo en todas partes. No quiero entrar en eso. Aclaro, de todos modos, que he sufrido cuatro asaltos y estoy en contra de la pena de muerte. Por lo demás, todo esto tiene cierto tufillo a malestar político y a modos de discutir en los que primero se descalifica y después se debate. En esas idas y vueltas, el ciudadano común no hace pie, queda aislado entre informaciones contradictorias que no puede digerir. Porque ahora resulta que todos son opinólogos sobre un terreno muy sensible que no se puede analizar superficialmente. En consecuencia, es preciso reflexionar profundamente y elegir a quién se escucha y sobre qué hablar. Respecto de los que han salido a expresarse públicamente, tendríamos que leer la vida de las personas en un sentido amplio, y no a fuerza de exabruptos. Bajemos los decibeles de la crispación, y dediquémonos a usar la cabeza, porque si todos nos perdemos en el griterío es más fácil que nos distraigan de los problemas fundamentales del país” .
“Brote psicótico de viejas gordas”
- Miguel Cantilo (músico): “La pena de muerte es una cosa superada por la civilización. Está confinada a sociedades que sufren un desfase. Lo que está ocurriendo acá es que hay un brote psicótico de viejas gordas. En realidad, si fuera sólo eso no habría mayor inconveniente. Ahora bien: la macana es que los medios se apropian de esos discursos y los usan en la puja electoral. Y las gordas siguen chillando igual o peor, demostrando que aunque estén maquilladas y se hagan cirugías, con la mentalidad no se puede hacer lifting. Así que lo más preocupante no son ellas en sí, sino esta operación que hace la prensa. Yo entiendo a los que sufrieron la pérdida de un pariente, lo que me parece delirante es que se monten sobre eso, que los usen y que encima usen ciertos arranques de bronca de las celebridades y las apuntalen como bandera de movilización. Es penoso que las arengas de una conductora de tele sean utilizadas para llevar adelante una lucha de poder”.
“Es como discutir la esclavitud”
- Alejandro Dolina (escritor, músico, conductor): “No quiero entrar en discusiones viejas, y la de la pena de muerte ciertamente lo es. Tampoco quisiera agredir ni tirar ideas alrededor de un asunto que ha sido examinado con mucha profundidad por individuos más capacitados que yo. Aclarado esto, sólo me atrevo a sugerir que debatir esto es como discutir la esclavitud. Hay –y esto es lo más grave– un resurgimiento de ideologías que parecían superadas, y que persisten en sectores privilegiados. Son personas que están aisladas de la realidad social y se resisten a comprender que hay temas que han sido pensados antes. Exhiben una especie de ingenuidad moral, que los impulsa a expresar lo primero que se les ocurre bajo la forma de un slogan del tipo ‘el que mata tiene que morir’ o ‘la pena de muerte ya la instauraron los ladrones’. Esto coincide con un renacer de las derechas y de formas violentas de concebir la sociedad, que llegan acompañadas por modos curiosamente liberales de entender a la economía: por un lado se reclama libertad para enriquecerse sin límites, y por otro se pide mano dura ante los resultados de una sociedad perturbada. Las grandes desigualdades son saludadas con alegría, hasta que molestan. Es ilógico”.
“Esto ya fue investigado”
- María Laura Santillán (periodista): “Estamos ante uno de esos temas que ya no se discuten en el mundo. Aquellos Estados que aplican la pena capital no tienen menos delitos. No es que lo opine solamente yo: esto ha sido investigado y puede consultarse en la bibliografía específica. Es una cuestión objetiva, y negarla es como querer seguir usando una vacuna que ya se ha comprobado que es inútil. Mejor haríamos en estudiar qué han hecho las sociedades en las que el delito registra mejores índices. No soy socióloga ni psicóloga, pero me parece que con estas premisas, una aproximación racional debería generar conclusiones más o menos claras”.
“Es una postura ante la vida”
- Jorge Marrale (actor): “Hay factores mediáticos que hacen que algunas voces lleguen más rápido que otras. Pero de ninguna manera creo que esas voces representen a la comunidad artística. Con la pena de muerte no hay polémica: se trata de una postura frente a la vida. Uno puede entender las reacciones primarias, pero la verdad es que a la civilización le llevó mucho tiempo terminar con la ley de la selva. Quienes piensan en atacar la consecuencia, los casos policiales, y no hacen foco en el origen, en las causas de esos hechos, confunden el debate. Por supuesto que nos duele el nivel de violencia. Hay que analizar cómo se construyó este país en los últimos 25 años para comprender cómo se llegó a este estado de cosas. La solución no es ‘muerto el perro, muerta la rabia’: tenemos que ponernos a trabajar en acortar la brecha social y económica, en ser mejores personas, para vivir en otras condiciones. Propongo que hablemos menos y hagamos más. No sirve ir a una plaza, o pedir leyes duras, si con eso expiamos culpas y en nuestra vida cotidiana seguimos siendo unos cretinos”.
“Cosas de la clase media”
- Mex Urtizberea (músico, actor, conductor): “Esto de pedir que se aniquilen vidas humanas no tiene que ver con todos los argentinos: es un pedido que parte, básicamente, de la clase media. Es una porción de la sociedad que siempre va a querer proteger a cualquier precio la condición económica que le ha costado tanto conseguir. Y la lectura que hacen hoy coincide con la que hicieron durante la Libertadora y en la última dictadura. Piensan: ‘Es mejor que maten al que pueda sacarme mis cosas’. Esas ‘cosas’ suelen ser objetos, propiedades. Como tienen poder y capacidad de influir en las leyes, frecuentemente logran que sus inquietudes sean atendidas. Pero ¿cómo vas a castigar a un ser humano con algo que no conocés? No sabemos nada sobre la muerte, ¿cómo podríamos usarla como medida para castigar? Es de una ignorancia total. La clase media cambia de bando continuamente, de acuerdo con su conveniencia. Para comprobarlo basta revisar lo que repetían hace ocho o nueve años y lo que sostienen hoy”.
“Lo peor para las minorías”
- Nelson Castro (periodista): “Estoy en contra de la pena de muerte por múltiples motivos. En principio, soy cristiano católico, por lo que estoy comprometido con la vida. En términos políticos, creo que se trata de la antítesis de lo que podríamos esperar de un Estado serio. Y desde un punto de vista práctico, está demostrado que no soluciona nada. Allí donde ha disminuido el delito, es porque se han emprendido acciones en otra dirección. Además, si uno se toma el trabajo de revisar a quiénes condenan a la pena capital en Estados Unidos –por citar un ejemplo–, comprueba que las minorías llevan la peor parte. De acuerdo con los registros, latinos y negros son ejecutados con más frecuencia que los blancos. En definitiva, es urgente adoptar una concepción amplia y diferente respecto de la inseguridad. Nada se soluciona con más cárceles como las que tenemos, ni con agresiones. Lo que pasa es que no hay eje, no hay planes orgánicos ni planteos que se sostengan más allá de las administraciones de turno, con lo cual perdemos la posibilidad de leer la situación en su totalidad. Por lo tanto, existe una gran cantidad de gente que se suma a ciertos discursos simplemente porque no tiene otros marcos de referencia para evaluar lo que pasa. Hay que combatir el delito sabiendo que una vez que tuviste que aplicar la ley es porque llegaste tarde: hubo condiciones para ese ilícito que hay que evaluar, diferenciando el que fue producto de la marginalidad del que tiene que ver con el crimen organizado”.
“Hay que parar la pelota”
- Soledad Silveyra (actriz): “Antes que nada: no soy socióloga, simplemente tengo mi perspectiva como actriz popular. Siento que tendríamos que parar la pelota. Desde el caso del ingeniero Santos que venimos discutiendo si una vida humana es más importante que un pasacasete. Mientras, hay una mayoría que está en contra de estas soluciones violentas. Es llamativo que los planteos más desatinados se promocionen periódicamente, casi siempre en época de elecciones o de cambios. Habría que ponerle la tapa a eso, organizar un intercambio de ideas que nos haga pasar a otra etapa. Hay que volverse menos loco y poner más comprensión. Pensar por qué sucede lo que sucede. Sin desmerecer a nadie, sé que la mayoría de los colegas con los que intercambio opiniones están a favor de esto”.
“¿Y la otra inseguridad?”
- Hugo Arana (actor): “Yo quisiera ver por las calles más marchas por la seguridad del trabajo, por la seguridad del acceso a la salud de millones de personas, también por la seguridad de una educación. Quiero ver a miles en las calles reclamando por la seguridad de los niños que se están muriendo de hambre. De verdad, me encantaría ver esas marchas. Porque ésa es la profunda inseguridad que hoy sufrimos. Por supuesto, esto no anula lo terrible de los últimos hechos que nos conmueven. Es aberrante que a alguien lo vayan a asaltar, que lo maten impunemente. Lo que quiero decir es que con este tema, tal como está planteado hoy, estamos atacando al forúnculo. Y no podemos ver que si hay forúnculo, está denunciando que el organismo tiene problemas. Aparte me parece cruel planificar la muerte de alguien, y que estemos hablando de esa posibilidad. No vengan con que la ‘colonia artística’ defiende la pena de muerte: ‘arte’ es una palabra tan profunda, tan bella, que me niego a adherir al concepto de ‘colonia artística’ en ese sentido”.
“Más violencia no sirve”
- Susana Rinaldi (cantante): “Quienes tienen una formación violenta proclaman la violencia como un recurso válido. Mi generación ha tenido que hacer mucho para convencerse de que los resultados más óptimos se consiguen con la no violencia. Yo sigo apostando a eso. En cuanto a la violencia en el país –y no solamente en el país–, sabemos que es desatada por cuestiones que tienen que ver con lo económico, lo político, lo social; y que determinan condiciones que desatan la inseguridad. En todo caso, invito a hacer el ejercicio de mirarnos a nosotros mismos: ¿cuánto hacemos diariamente, cada uno de nosotros, aparentemente no violentos, para contribuir a la no violencia, o a la ‘seguridad’? Yo lamento que se haya exaltado y sobredimensionado a ciertos personajes de los medios como factótum de opinión. Desde luego, no me siento representada por ellos, aunque unos y otros nos presentemos como artistas. Yo creía que el debate sobre la pena de muerte era algo perimido en la cabeza de la gente que piensa. Y sigo creyendo en una sociedad menos infantil que la que compra este tipo de discursos”.
Producción: Facundo García, Emanuel Respighi y Karina Micheletto.
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La muerte de la noticia
Por Patricia Fortino
Tomado de www.megafon.com.ar
Aunque parezca un titular importante, estamos refiriéndonos a la falta de noticia, la ausencia de información sobre los temas que no son de interés para los medios, razón más que suficiente para que no le importe a nadie.
Para poder tener una aproximación a los hechos, los argentinos, y particularmente los porteños que queremos saber qué pasa, hemos adquirido el hábito de leer diariamente de cuatro a cinco diarios locales, algunos medios regionales, miramos varios noticieros de televisión, escuchamos algún programa periodístico por radio y además hojeamos un par de revistas por semana. En este ritmo acelerado solo podemos entrar algunos privilegiados; aquellos que tenemos acceso a Internet y que además disponemos del tiempo para poder dedicar a esta tarea. Los más, la mayoría, cae en las garras del monopolio informativo y solo recibe aquello que los manipuladores de la noticia consideran necesario difundir.
Hasta acá estamos en el libre juego de la elección política de leer uno u otro medio, con las consecuencias medidas o inconscientes que esa información provoca en nuestro pensamiento y en la formación del pensamiento crítico de una sociedad.
Si la noticia es lo suficientemente importante como para no poder ocultarla detrás de otra menos llamativa pero “políticamente correcta” para los dueños de la palabra, entonces y con las herramientas que la lengua nos provee, nos la contarán con el suficiente maquillaje para que el “mensaje” llegue hasta nuestros cerebros en los tiempos y las formas que convengan al contador de turno.
Hasta acá la libertad de prensa, tan defendida por los patrones de la prensa argentina, está tan intacta que en Francia y EEUU (para citar solo algunos de los países que regulan su radiodifusión) deben envidiarnos a la distancia. Entre otras limitaciones en EEUU se prohíbe la fusión de las cadenas principales de TV: FOX, CBS, NBC Y ABC. En Francia una misma persona no puede controlar un diario si el total de su difusión excede el 30% del territorio nacional.
Si somos tan libres de elegir ¿por qué sentimos que somos cautivos de los grandes medios? La libertad pregonada no me da la posibilidad de elegir. Parece un juego de palabras pero no lo es. Si quiero ver los goles de los partidos del campeonato de fútbol local debo caer en las redes del monopolio.
La “sensación” que dan las noticias es el termómetro que mide la agenda de la política.
Si una estación de servicio es asaltada treinta y tres veces ¿cuál es la noticia? Ninguna, casi es un hábito de los delincuentes pasar por allí y llevarse puesta la caja. Pero sí es noticia para quienes quieren difundir un clima de terror en el pueblo. Un pueblo con miedo es muy frágil, muy vulnerable, muy débil. Si una estación de servicio es asaltada treinta y tres veces allí el problema no es de inseguridad. Desde la tercera vez, debiera haber un patrullero rondando la zona para garantizar la vigilancia que el lugar evidentemente requiere. Pero los dueños de la opinión hoy, tienen puestos sus intereses en la continuidad de los entornos que les dan dividendos. Si creamos clima, fomentamos temores, fogoneamos al Jet Set para que nos den sus calificadas opiniones sobre la pena de muerte, entrevistamos sin escrúpulos a una dolorida tía en el velorio de su sobrino asesinado en un cruce de balas perdidas, ¿cuál es la noticia? Sin ningún lugar a dudas la noticia es la “inseguridad imperante”.
La libertad de elegir debiera poder brindarme a la par, la diversidad de opinión. Los canales de televisión están en debate abierto sobre la rigurosidad en la condena a los delincuentes, y así fue que ayer transmitieron “cuasi” en Cadena Nacional una débil marcha organizada por organizaciones no gubernamentales, con la asistencia de poco más o menos el 10% de lo anunciado mientras se promovía la movida. Allí, donde no se permitía la asistencia de grupos identificados con banderías políticas, sobre el escenario y como únicos oradores se hicieron del micrófono representantes de las religiones católica, judía y musulmana. En esas alocuciones donde se pretendía, según los mismos organizadores del acto, tener una palabra de calidad espiritual para una audiencia dolida por las consecuencias del delito, tuvimos ocasión de escuchar discursos con alto contenido político. “No podemos convivir en paz si hay una situación donde se confunde el orden con represión y justicia con venganza” dijo el Rabino Bergman, y (no sé cómo decir esto sin que se me venga la comunidad judía entera a pegarme) ¿quién es (decidí no poner quién carajo es) el rabino para creer que el pueblo confunde?.
Tanto él como su par de la Iglesia Católica pidiendo mayor rigurosidad (Marcó habló de la Pena de Muerte que debieran instrumentar los jueces) hablaron en un tono de agresión que no concordaba con la seguridad tan pedida.
Los que confunden son los comunicadores porque, volviendo a nuestro tema, un acto menor, con poco poder de convocatoria, donde hubo entredichos entre los organizadores, donde el ex ingeniero Blumberg estaba camuflado entre los presentes (quién supiera ser líder de este tipo de reclamo) donde no se elaboró ni un documento ni un Proyecto de Ley, no era una noticia para movilizar todos los móviles de los medios ni ser tapa de La Nación y Clarín de hoy a la mañana.
La democracia tiene aún muchas deudas. El Proyecto de ley "SERVICIOS DE COMUNICACIÓN AUDIOVISUAL” es una de esas deudas a salvar. Tal vez se vengan tiempos muy difíciles con tapas de diarios tremendistas, ofensivas o instigadoras. Tal vez lo peor aún no lo vimos publicado, pero vale la pena la batalla. Una batalla que debemos darla en todos los frentes, para crear conciencia de la importancia que tiene en la libertad de nuestros pensamientos y en la elección de nuestros criterios. Debemos ponernos a la altura de los debates, dentro del Congreso y fuera de él, comencemos desde ahora. Salvemos a la noticia de su muerte anunciada. Tendremos que estar muy atentos porque los poderosos, esos que hoy manejan los medios, es probable que maniobren o demoren el tratamiento de esta reforma. Sun Tzu (siglo VI a.c., experto militar chino) decía: “dado que lo único valioso en la guerra es la victoria, no prolonguéis las operaciones”.