DEMASDEMASIADO PROGRE PARAm MACRI

“Así como la monarquía terminó con el feudalismo y la república terminó con la monarquía, la democracia popular terminará con la democracia liberal burguesa y sus distintas evoluciones democráticas de que hacen uso las plutocracias dominantes”
Juan Domingo Perón

"EL PERONISMO NO SE APRENDE NI SE PROCLAMA, SE COMPRENDE Y SE SIENTE"
EVITA


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De La Sota, no te hagas el Ídem


En respuesta a un spot publicitario en el que el gobernador De La Sota intenta relacionar la Noche de los Lápices con una medida de su gobierno, queremos aclarar que nuestros compañeros secuestrados, torturados, asesinados y desaparecidos por la dictadura no son ángeles alados ni "mártires del boleto estudiantil" cuyo sueño hizo realidad dicho gobernador, como pretende esa publicidad. 



Ellos fueron militantes políticos que pusieron en juego su vida -y la perdieron- luchando contra un orden económico injusto, sustentado en la complicidad entre corporaciones -contrarias a todo valor ajeno a su propio beneficio- y sus socios civiles, religiosos y militares. 

Desde ese lugar es que nos siguen guiando en nuestro quehacer cotidiano y desde este lugar repudiamos la banalización indecorosa que de esa lucha realiza el gobernador de Córdoba intentando utilizarlos en beneficio propio. 
Su interpretación de la historia de lucha de nuestros compañeros demuestra, en el mejor de los casos, ignorancia. 

Solicitamos al Sr. Gobernador de la provincia de Córdoba que retire de circulación este mensaje indigno de la memoria de nuestros luchadores populares. 


Firman: Emilce Moler, Gustavo Calloti (sobrevivientes de la Noche de los Lápices) y compañeros de militancia de María Clara Ciochini, Horacio Ungaro, Claudia Falcone, Francisco Muntaner, Daniel Racero y Claudio de Acha.

Gracias Beatriz

Nosotros nunca fuimos “jóvenes”

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 Emilce Moler. Ex detenida de La Noche de los Lápices, de la que hoy se cumplen 36 años.
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 Emilce Moler. Ex detenida de La Noche de los Lápices, de la que hoy se cumplen 36 años.

Seis militantes estudiantiles de La Plata fueron secuestrados continúan desaparecidos.

A 36 años de aquel trágico septiembre y como homenaje a mis compañeros de militancia desaparecidos, comparto estas palabras. Si tengo que sintetizar mi principal recuerdo, no dudaría en decir que ese día dejé de “ser joven”.

No se puede “ser joven” en un centro clandestino, secuestrada, atada, vendada, encarcelada. No se puede “ser joven” cuando ya una es ex detenida, querellante, militante de DD.HH. y se asume el compromiso de narrar los hechos y exigir justicia.

No se puede “ser joven” cuando en épocas de profunda impunidad había que dar pasos certeros para interpelar a una sociedad y mostrar la necesidad de mantener viva la memoria. De haber podido, gran parte hubiera optado por el borrón y cuenta nueva y se hubiera dejado caer por las mieles del olvido.

Tenía 27 años cuando testimonié contra Camps, jefe de la Policía bonaerense, en un primer intento de justicia de aquellos años. No recuerdo crónicas periodísticas que nos mencionaran como “jóvenes” a quienes brindábamos nuestros testimonios en épocas de incipiente democracia y futuro político incierto.

A lo largo de estos años, he sentido la necesidad de mantener el recuerdo de mis compañeros de militancia desaparecidos, informar sobre lo ocurrido aquel septiembre y, lo más importante, contribuir a comprender por qué ocurrieron estos trágicos episodios para que el deseo del “nunca más” sea una realidad.

Quienes asumimos el compromiso de abrazar la lucha por los derechos humanos nos planteamos en forma permanente el rol de la trasmisión de la memoria: ¿cómo transmitir a las futuras generaciones la historia del horror? ¿Qué queremos transmitir? ¿Cómo lo hacemos? Pese a que durante este tiempo fuimos encontrando respuestas –de acuerdo a las diferentes coyunturas políticas que atravesamos–, estos interrogantes siguen emergiendo y planteándonos nuevos desafíos para avanzar en el camino de verdad y justicia.

Durante todos estos años he compartido infinidad de charlas, entrevistas y encuentros con jóvenes que me han ayudado a comprender las demandas de cada momento, así como también los diferentes obstáculos a vencer: “¿Señora, es cierto que torturaban?” “¿Dónde están los militares que hicieron todo eso?” “¿Por qué se dedicaban a la política?”. Preguntas que he contestado a lo largo de estos años, que diferencian los momentos sociales, históricos y políticos que atravesábamos. Siempre me encontré con jóvenes a los que les interesaba lo que narraba y ávidos de querer conocer mucho más de este pasado reciente.

Una nueva oportunidad se nos presentó a partir de 2003 cuando el Estado, por primera vez, empezó a acompañarnos en nuestros reclamos. Un nuevo escenario se nos presentó con un Gobierno que demostró en reiteradas oportunidades la voluntad política de hacer de los derechos humanos un tema central de su agenda. Nos da la oportunidad de interpretar de otro modo una historia que, por lo general, ha sido reducida al horror de la dictadura, invisibilizando las historias políticas y proyectos de aquellos años. El giro ocurrido en lo público ha abierto la oportunidad de otra indagación del pasado reciente: ha iniciado la posibilidad de correr un grueso velo que nos impedía pensar lo que fuimos, lo que soñamos, lo que significó nuestro compromiso político hasta ser alcanzado por la brutalidad del poder que terminó haciendo añicos ese impulso transformador. Se logra así completar las historias de los compañeros desaparecidos con sus militancias.

Y en este nuevo desafío son los jóvenes, quienes vuelven a crear interrogantes que nos atraviesan. Debemos permitir y promover que surjan estos conflictos naturales, estas contradicciones, porque es un paso no sólo necesario, sino sumamente motivador para que ellos puedan apropiarse de la historia. Algunos adultos se incomodan o paralizan frente a este tipo de intervenciones, pero hay que tener en cuenta que para los jóvenes las controversias y tensiones funcionan como una especie de antídoto ante situaciones que les resultan lejanas y colaboran en el proceso de producción del relato histórico.

Compartí infinidad de encuentros donde los jóvenes demuestran sus ansias de participación, con discusiones sobre representaciones políticas, incomodando seguramente a muchos adultos, como nos tienen acostumbrados. Una vez más, volví a hablar frente a estos chicos, que manifestaban alegría, cantaban cánticos políticos, con libertad, con proyectos por abrazar, construyendo su futuro.

Ahora cuando hablo frente a estos chicos, muchas veces me emociono, ahora más que antes. Quizá porque no puedo dejar de pensar en mis amigos, compañeros de militancia, a quienes no les dieron la posibilidad de transitar su juventud, ni la posibilidad de reconstruir esta Argentina que está resurgiendo.

Quizá porque a través de ellos puedo entender, cabalmente, el sentido de “ser joven”.


Afanado de Miradas al Sur por Lanchita

El lápiz roto

La Noche de los Lápices, como todos sabemos, fué una serie de secuestros de diez estudiantes de secundaria, ocurridos durante la noche del 16 de septiembre de 1976 y días posteriores en la ciudad de La Plata.

Este suceso fue uno de los más representativos dentro de la represión impuesta por la dictadura cívico militar argentina, ya que las desapariciones se realizaron sobre estudiantes, en su mayoría, menores de edad.

El caso tomó notoriedad pública en 1985, luego del testimonio de Pablo Díaz (uno de los sobrevivientes) en el Juicio a las Juntas. Él mismo participó de la creación del guion que llevó la historia en 1986 al cine.

Cuatro de los estudiantes secuestrados sobrevivieron a las posteriores torturas y traslados impuestos por la dictadura.

Causalidades

Las víctimas eran en su mayoría militantes o ex militantes de la Unión de Estudiantes Secundarios (UES) de La Plata. Esta agrupación, junto a otras, habían reclamado en 1975, ante el Ministerio de Obras Públicas, el otorgamiento del boleto estudiantil secundario.

Esta circunstancia, junto al testimonio de uno de los sobrevivientes, Pablo Díaz, ha popularizado la hipótesis de que los secuestros hayan sido consecuencia directa de aquel reclamo, sin embargo otros sobrevivientes, como Emilce Moler, afirman que ese reclamo específico no tuvo ninguna incidencia en el episodio del 16 de septiembre.


Los secuestros

El operativo fue realizado por el Batallón 601 del Servicio de Inteligencia del Ejército y por la Policía de la provincia de Buenos Aires, dirigida en ese entonces por el general Ramón Camps.

Los secuestrados fueron:


Claudio de Acha,17 años, secuestrado el 16 de septiembre de 1976-Desaparecido

Gustavo Calotti,18 años, secuestrado el 8 de septiembre de 1976-Sobreviviente (Aunque fue secuestrado el 8 de septiembre, se considera un sobreviviente puesto que varios de los secuestrados eran sus ex compañeros de secundaria y pasó con ellos meses de prisión y tortura clandestina.)

María Clara Ciocchini, 18 años, secuestrado el 16 de septiembre de 1976-Desaparecida (Fue secuestrada junto con María Claudia Falcone.)

Pablo Díaz, 18 años, secuestrado el 21 de septiembre de 1976-Sobreviviente(En 1985 hizo público el caso en el Juicio a las Juntas.)

María Claudia Falcone, 16 años, secuestrda el 16 de septiembre de 1976-Desaparecida(Fue secuestrada en casa de su abuela junto a María Clara Ciocchini que estaba viviendo junto a ella.)

Francisco López Muntaner, 16 años, secuestrada el 16 de septiembre de 1976-Desaparecido.

Patricia Miranda, 17 años, secuestrada el 17 de septiembre de 1976-Sobreviviente(Fue secuestrada el 17 de septiembre. Era una estudiante de Bellas Artes, no había tenido militancia política ni había participado de los reclamos por el boleto estudiantil. Estuvo en los centros clandestinos de detención de Arana, Pozo de Quilmes, Valentín Alsina y en la cárcel de Devoto, donde quedó a disposición del Poder Ejecutivo Nacional hasta marzo de 1978.)

Emilce Moler, 17 años, secuestrada el 17 de septiembre de 1976-Sobreviviente.

Daniel A. Racero, 18 años, secuestrado el 16 de septiembre de 1976-Desaparecido(Fue secuestrado en casa de Horacio Ungaro.)

Horacio Ungaro, 17 años, secuestrado el 16 de septiembre de 1976-Desaparecido.


Según la CONADEP la policía bonaerense había preparado un operativo de escarmiento para los que habían participado de la campaña por el boleto estudiantil, considerada por las Fuerzas Armadas como «subversión en las escuelas», y que "los adolescentes secuestrados habrían sido eliminados después de padecer tormentos en distintos centros clandestinos de detención, entre los que se encontraban: Arana, Pozo de Banfield , Pozo de Quilmes, Jefatura de Policía de la Provincia de Buenos Aires y las Comisarías 5a., 8a., y 9a. de La Plata y 3a. de Valentín Alsina, en Lanús, y el Polígono de Tiro de la Jefatura de la Provincia de Buenos Aires".


LOS ESTUDIANTES SECUNDARIOS Y LA POLITICA ENTRE 1973-1976


El arribo de la democracia en el mes de mayo de 1973, luego de un proceso creciente de enfrentamientos contra la dictadura miliar que gobernaba desde junio de 1966, trajo consigo la irrupción en la vida política y social de los distintos sectores populares que habían experimentado un crecimiento sustancial durante las luchas; entre ellos, los estudiantes secundarios.

En el movimiento estudiantil secundario se vivieron experiencias hasta ese momentos inéditas en lo referente a participación política, en tanto ésta es atendida en un sentido partidario más o menos directo.

El diario La Opinión editó en 1973 un suplemento dedicado al análisis de los fenómenos políticos entre los adolescentes. En dicho suplemento se publicaron los resultados de una encuesta que realizó el periódico entre 252 estudiantes. Se comprobó que el 30,3% de los jóvenes encuestados tenía algún tipo de participación política.

La política había impregnado el conjunto de la vida estudiantil, dentro y fuera de los colegios. Las organizaciones políticas vieron incrementado notoriamente el número de sus militantes y el grado de su influencia. Según el suplemento citado, "las tres fuerzas más importantes son, en este orden, la Unión de Estudiantes Secundarios, (UES), la Federación Juvenil Comunista (FJC) y la Juventud Secundaria Peronista (JSP)"

La encuesta de La Opinión revelaba también que en 1973 los estudiantes secundarios se inclinaban ante figuras emblemáticas de la izquierda, con la salvedad de Perón, quién asumía, para una porción amplia de los estudiantes, contornos casi revolucionarios. Pese a todo, quien encabeza la encuesta era el Che Guevara con el 67%, a continuación venía J. D. Perón con 66% y a mayor distancia, Salvador Allende con 19%; Fidel Castro con 19%; Eva Perón 17 % y Mao-Tsé-Tung con 16%.

En esta encuesta queda por demás claro que para aquélla generación de estudiantes los referentes revolucionarios y socialistas eran los que ocupaban más espacio en la conciencia estudiantil.

En aquellos años se había alcanzado un nivel de conciencia, acción y participación bastante elevados con lo cual el nivel de cuestionamiento al sistema capitalista era de por demás peligroso para la burguesía y los sectores reaccionarios de nuestro país.

EL GOLPE DE 1976

En la historia de nuestro país, como en el resto de América latina, los golpes de Estado siempre estuvieron al servicio de la clase dominante y del imperialismo. Pero el golpe de Estado de 1976 se podría caracterizar no tan solo como el más sangriento vivido en la historia de nuestro país, sino también como el más pro-imperialista, ya que el estado político-económico que dejó la dictadura le sirvió al imperialismo para garantizar su hegemonía en la región durante décadas.

LOS OBJETIVOS DEL PROCESO

Uno de los objetivos más tenazmente buscado por la dictadura militar que gobernó entre 1976 y 1983 fue neutralizar a buena parte de la juventud y ganar a una porción para su propio proyecto reaccionario.


Para los que no encajaban en sus esquemas se aplicaban distintos métodos "preventivos", desde el asesinato y la desaparición, hasta la más refinadas formas de marginación social y psicológica, pasando, claro esta, por la clásica y tradicional prisión.

Cuando asumieron en 1976 los militares consideraban que en la Argentina había una generación perdida: la juventud. Esta, por la sofisticada acción de "ideólogos" se había vuelto rebelde y contestataria.

Si bien el gobierno militar toma en cuenta la situación en la que se encontraba la juventud argentina, no fue tan obstinado como para suponer que se debía atacar a toda la juventud por igual. La política hacia los jóvenes parte de considerar que los que habían pasado por la experiencia del Cordobazo y demás luchas previas a 1973, los que habían vivido con algún grado de participación el proceso de los años 73, 74 y 75, los estudiantes universitarios y los jóvenes obreros, eran en su mayoría irrecuperables y en consecuencia había que combatirlos. Para ello utilizaron un pretexto tan obvio como falaz: se trataba de subversivos reales o potenciales que ponían en riesgo al conjunto del cuerpo social. El ser joven pasa a ser un peligro.

Al mismo tiempo, y pensando en el largo plazo, se empieza a desarrollar una estrategia que va más allá de la eliminación del "enemigo". Se empieza a poner la mira sobre el relevo. Ahí están los estudiantes secundarios. Al momento del golpe tienen entre 13 y 18 años más de un millón de jóvenes.

EL TERROR EN LAS AULAS

Uno de los aspectos más dramáticos de la represión vivida en aquellos años fue el secuestro de adolescentes. Llegaron a 250 los desaparecidos que tenían entre 13 y 18 años, claro que no todos estudiaban. Muchos se habían visto obligados a abandonar la escuela para incorporarse al mundo del trabajo.

Pero de los procedimientos utilizados surge claramente que no se trataba de hechos aislados, sino de una investigación pormenorizada en distintas escuelas. En una entrevista concedida a un grupo de padres, un coronel de Campo de Mayo les expresó que se llevaban a los jóvenes que habían estudiado "en colegios subversivos para cambiarles las ideas".

El 16 de septiembre de 1976, 10 estudiantes secundarios de la Escuela Normal Nº 3 de la Plata, son secuestrados tras participar en una campaña por el boleto estudiantil. Todos tenían entre 14 y 17 años. El operativo fue realizado por el Batallón 601 del servicio de Inteligencia del ejercito y la Policía de la Provincia de Buenos Aires, dirigida en ese entonces por el general Ramón Camps, que califico al suceso como "accionar subversivo en las Escuelas". Este hecho es recordado como "La noche de los lápices".


Solo tres de ellos aparecieron un tiempo después. Pablo Díaz, uno de los liberados, declaró en el juicio a las ex juntas: "Yo pertenecía a la Coordinadora de Estudiantes Secundarios de la Plata y con los chicos del colegio fuimos a presentar una nota al Ministerio de Obras Públicas".

Levantaron chicos en algunos colegios que tenían "marcados" y enemigo era todo aquel estudiante que se preocupara por los problemas sociales, por fomentar entre los estudiantes la participación y la defensa de los derechos de los mismos.

Tomado de http://www.taringa.net/posts/info/7028085/La-Noche-de-los-lapices--Para-no-olvidar_.html

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