Cuenta la leyenda que alguna vez hubo un baldío inmundo, enclavado en el centro de Buenos Aires, donde los vecinos arrojaban trastos viejos, basura, suciedad que la propia ciudad iba acumulando en la seguridad de que no era otro su destino. Solo las ratas disfrutaban de la situación.
Inducidos por un grupo de vecinos, una ONG y el Centro de Capitanes de Ultramar, lindante con el predio, un buen día pusieron manos a la obra y se empezó una obra, una obrita podríamos decir, de muy bajo costo material pero de gran carga afectiva y efectiva, ya que con mucho esfuerzo y ninguna ayuda oficial, la esquina de Perú y Av. Independencia, pasó de ser un rincón oscuro a una placita con vida, que generaba vida y daba color a los casi 5 millones de pares de ojos que la planean todos años. Porque además de los vecinos que fueron sus beneficiarios naturales, debemos sumarle el alto tránsito de la esquina que lleva a estimar este número incluso, como mínimo.
Un lugar chiquito, pero de corazón grande. Su arquitectura llamaba al descanzo. Una enorme onda de la drillos hacía las veces de un gran asiento que daba descanzo a abuelos y estudiantes buchangueros de los colegios de la zona.
La ornamentación, era fruto de donaciones individuales de vecinos anónimos, que venían con su plantita, su arbolito, su cuadradito de pasto de mucho esfuerzo y dedicación de vecinos de la zona y de guardianes ad honorem (como el pelado de la plaza) que invirtieron dias enteros durante muchos años de esfuerzo, hicieron de ese lugar miserable, un rincón admirable de una ciudad que la ignoraba.
Artistas plásticos anónimos y de renombre fueron dando forma a este predio que pasó de ser "Placita de la Solidaridad" en alusión al trabajo mancomunado de la barriada a "Plazoleta Nestor Kirchner", y esto creo que para muchos, fue demasiado.
Ese paso le dió una notoriedad que no correspondía con algunas mentes enfermas que dijeron ¡basta!. ¡Que se creen estos!, ¿que pueden hacer lo que quieren?.
Y entonces ocurrió lo que nadie imaginaba. Destruyeron todo. Tiraron abajo el trabajo solidario de mucha gente, el orgullo del barrio, arbolitos plantados con amor, fueron pisoteados por los infames. El asiento de los abuelos quedó por el piso, imposible para su reuma o su artritis.
El poder de un gobierno que sigue sin poder ver, sin sentir lo que siente el ciudadano de a pié, sin entender algunos conceptos que no les enseñan en sus colegios o universidades privadas, SENTIDO COMÚN, SOLIDARIDAD, HUMILDAD.