Septiembre aúlla todavía
su doble saldo escalofriante.
Todo sucede un mismo día
gracias a un odio semejante.
Y el mismo ángel que allá en Chile
vio bombardear al presidente,
ve las dos torres con sus miles
cayendo inolvidablemente.
Éste es un fragmento de Cita con ángeles de Silvio Rodriguez.
El poeta cubano, pone el acento en "el doble saldo escalofriante" al hablar de éste día y nuevamente debo darle la razón, aunque haciendo algunas salvedades.
El odio, la impudicia, el egoísmo, el despotismo, que maneja nuestro Gran Hermano del norte es comparable con cualquiera de los imperios de la historia.
Tanto es así, que hasta las valijas de las que habla Galeano, en Memorias del Fuego, texto que prosigue, tienen un mismo dueño, un mismo destino y fin, justificar una matanza, hacer negocios, hacer tronar el escarmiento ante todo aquel que se atreva a alzar la voz. En los setenta fueron los golpes de estado, ahora son las guerras preventivas con excusas variadas y un solo objetivo, vender, consumir, dar rienda suelta a la impotencia de ser grande y bobo, de ser grande e inseguro, ser grande y no tener ningún atributo de grandeza.
Desesperados, los querubes
toman los cielos de la tierra
y con sus lápices de nubes
pintan adioses a las guerras.
El mundo llena los balcones
y exclama al fin: esta es mi lucha,
pero el señor de los cañones
no mira al cielo ni lo escucha.
Entonces hoy homenajeamos a los caídos inutilmente junto a las torres (incluye a los bomberos y voluntarios), a las víctimas de su venganza armada para y por la televisión y los grandes holding financieros y petroleros; y especialmente a Salvador Allende, el único de esta historia que murió por algo que creía y con las botas puestas. Nosotros somos concientes, que la grandeza se obtiene unicamente cuando uno es consecuente con sus ideales.
La trampa de Eduardo Galeano
Por valija diplomática llegan los verdes billetes que financian huelgas y sabotajes y cataratas de mentiras. Los empresarios paralizan a Chile y le niegan alimentos. No hay más mercado que el mercado negro. Largas colas hace la gente en busca de un paquete de cigarrillos o un kilo de azúcar; conseguir carne o aceite requiere un milagro de la Virgen María Santísima.
La Democracia Cristiana y el diario «El Mercurio» dicen pestes del gobierno y exigen a gritos el cuartelazo redentor, que ya es hora de acabar con esta tiranía roja; les hacen eco otros diarios y revistas y radios y canales de televisión. Al gobierno le cuesta moverse; jueces y parlamentarios le ponen palos en las ruedas, mientras conspiran en los cuarteles los jefes militares que Allende cree leales.
En estos tiempos difíciles, los trabajadores están descubriendo los secretos de la economía. Están aprendiendo que no es imposible producir sin patrones, ni abastecerse sin mercaderes. Pero la multitud obrera marcha sin armas, vacías las manos, por este camino de su libertad. Desde el horizonte vienen unos cuantos buques de guerra de los Estados Unidos, y se exhiben ante las costas chilenas. Y el golpe militar, tan anunciado, ocurre.
Allende
Le gusta la buena vida. Varias veces ha dicho que no tiene pasta de apóstol ni condiciones para mártir. Pero también ha dicho que vale la pena morir por todo aquello sin lo cual no vale la pena vivir.
Los generales alzados le exigen la renuncia. Le ofrecen un avión para que se vaya de Chile. Le advierten que el palacio presidencial será bombardeado por tierra y aire. Junto a un puñado de hombres, Salvador Allende escucha las noticias. Los militares se han apoderado de todo el país. Allende se pone un casco y prepara su fusil. Resuena el estruendo de las primeras bombas. El presidente habla por radio, por última vez: —Yo no voy a renunciar...
La reconquista de Chile
Una gran nube negra se eleva desde el palacio en llamas. El presidente Allende muere en su sitio. Los militares matan de a miles por todo Chile. El Registro Civil no anota las defunciones, porque no caben en los libros, pero el general Tomás Opazo Santander afirma que las víctimas no suman más que el 0,01 por 100 de la población, lo que no es un alto costo social, y el director de la CIA, William Colby, explica en Washington que gracias a los fusilamientos Chile está evitando una guerra civil. La señora Pinochet declara que el llanto de las madres redimirá al país. Ocupa el poder, todo el poder, una Junta Militar de cuatro miembros, formados en la Escuela de las Américas en Panamá. Los encabeza el general Augusto Pinochet, profesor de Geopolítica. Suena música marcial sobre un fondo de explosiones y metralla: las radios emiten bandos y proclamas que prometen más sangre, mientras el precio del cobre se multiplica por tres, súbitamente, en el mercado mundial.
El poeta Pablo Neruda, moribundo, pide noticias del terror. De a ratos consigue dormir y dormido delira. La vigilia y el sueño son una única pesadilla. Desde que escuchó por radio las palabras de Salvador Allende, su digno adiós, el poeta ha entrado en agonía.
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Cita con ángeles
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TODOS SOMOS 2 DE ABRIL

Han pasado 30 años para muchos, para la gran mayoría que mide los tiempos con relojes, pero hay otros tiempos que miden los acontecimientos en clave de realidad, para aquellos que perdieron un ser querido, para quienes volvieron y sintieron en el rostro el desprecio egoista y faccioso, para quienes ya no están, para quienes se exiliaron y volvieron, para los que no volvieron nunca, para los que se quedaron, 30 años no suman igual, puede ser más corto o eternamente más largo el tiempo mental de esa fecha.
Lo cierto es que cada uno de nosotros tiene en su memoria alguna fracción de ese tiempo.
La dictadura cívico militar más monstruosa de muestra historia, que languidecía por ese entonces estaba llegando a su fin y no por eso fue menos cruel. Asestó el último gran golpe en el centro mismo de la gobernabilidad de los futuros gobiernos democráticos, dejando deudas, grandes deudas, todas mensurables pero en distintas monedas.
Las hubo en moneda contante y sonante, la hubo en vidas sesgadas por acción directa (secuestro, desaparición y muerte; guerra) y por omisión (sobrevivientes de ambos conflictos, el interno y el externo), pero hubo un denominador común, siempre fueron lo impuro, lo feo, el lado oscuro, la traición, el engaño, la estafa, la cobardía, la ruindad. Podría seguir con solo habrir wiki y buscar sinónimos de estos adjetivos y seguramente y aún así, me quedaría corto.
La caterva de hijos de mil putas que promovieron e impulsaron esas soluciones a los conflictos del momento, a esta altura no merecen ni que los insultemos, solo les deseo salud y buena vida hasta que les llegue el momento de que los podamos juzgar como se merecen, con un tribunal popular, democrático y con todas las garantías que ellos jamás le dieron a ninguno de los nuestros. Si, porque solo fueron malos con los nuestros, con los otros, con los gringos, fueron sumisos y serviles, aún hoy.
No quiero que se me confunda. No estoy poniendo en un mismo plano la guerra de Malvinas con la represión ilegal y el genocidio, aunque encuentre algún punto en común entre sus ejecutores fácticos e intelectuales y para esas mentes enfermas, en que la vida de los otros poco valía, solo eran piezas en un ajedrez que miraban desde lejos y sinn tocar jamás las piezas sino a través de serviles idiotas (no menos hijos de puta) que le hacían de lamebotas y lamebolas.
Por eso, el 2 de Abril en cierto sentido es una fecha tanto o más emblemática que el 24 de marzo. Es como un 25 de Mayo de 1810 o un 20 de diciembre de 2001 0 un 25 de Mayo de 2003, son puntos de inflexión en la historia y traspasados esas marcas, ya nada es igual.
Creo que llegó el tiempo de reconocernos parte de esa historia y asumirnos como fruto de ella también.
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