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“Así como la monarquía terminó con el feudalismo y la república terminó con la monarquía, la democracia popular terminará con la democracia liberal burguesa y sus distintas evoluciones democráticas de que hacen uso las plutocracias dominantes”
Juan Domingo Perón

"EL PERONISMO NO SE APRENDE NI SE PROCLAMA, SE COMPRENDE Y SE SIENTE"
EVITA


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Dicta clases en Derechos Humanos

Detectado colaboracionista de la dictadura militar argentina en universidad de Brasil

Se trata de Eduardo Jorge Vior, quien trabajó para el dictador argentino Eduardo Massera en el diario Convicción. Actualmente trabaja como profesor en la Universidad Federal de la Integración Latinoamericana (UNILA), que funciona en el Parque Tecnológico de Itaipú (PTI), Foz de Iguazú, dictando materias relacionadas a los Derechos Humanos.

Lo llamativo del caso es que el denunciado es el único profesor no brasilero nombrado por concurso sin que las autoridades de la universidad indagaran en los antecedentes del colaboracionista de la última dictadura militar argentina, quien fue llevado a juicio académico en su país en 2010.

Durante la XX Cumbre Social del MERCOSUR llevada a cabo el mes de diciembre pasado, Vior fue detectado por organizaciones sociales argentinas que participaron de ese encuentro regional, quienes solicitaron a los organizadores el inmediato retiro de este individuo de un panel sobre la temática de “Migraciones y Derechos Humanos” [1] coordinado precisamente por Vior, ante la perplejidad e indignación de los presentes.

Pero no es la primera vez que Vior intenta infiltrarse en una universidad borrando su pasado: en enero de 2010 un grupo de docentes de la Universidad Nacional de Río Negro (sur de Argentina) pidió al vicerrector Roberto Martínez que se inicie el procedimiento de juicio académico contra el profesor Eduardo Vior, luego de conocer a través de una información periodística publicada por el portal Rio Negro online que el profesional escribió durante cuatro años para el diario "Convicción" perteneciente al sangriento genocida y ex jefe de la Armada durante la última dictadura militar, Emilio Eduardo Massera.

A mediados de 1978 Massera, integrante de la Junta Militar en representación de la Marina, lanzó el matutino Convicción , que editaría 20.000 ejemplares diarios durante cinco años (hasta fines de 1983) con tres supuestos propósitos: “lavar” las manos ensangrentadas de Massera , unificar a las Fuerzas Armadas de cara a una futura amnistía y armar un clima propicio para el proyecto político del denominado “Almirante Cero”.

Vior, tras escribir durante dos años para el matutino golpista permaneció en Alemania desde 1980 hasta el 2004 realizando estudios en Educación vinculados con Derechos Humanos en el Instituto de Ciencia Política de la Universidad de Magdeburg, al mismo tiempo, continuaría colaborando por otros dos años más desde el exterior y hasta el cierre del periódico. En su curriculum vitae el denunciado omite su actividad como redactor.

Pasado los años y al regresar a la Argentina en 2004, se incorporó como docente en la Universidad Nacional de la Matanza, de donde fue obligado a renunciar por una presunta extorsión para apoderarse de un programa de investigación docente a cambio de conseguir fondos universidades alemanas.

En 2009 ingresa a la Universidad Nacional de Rio Negro, donde es enjuiciado académicamente al ser identificado como colaboracionista del represor Massera. . También se desempeñó como docente en la Universidad del Nordeste. En su cínica carrera por los derechos humanos logra ingresar además en el espacio político de intelectuales argentinos “Carta Abierta”, de donde fue rápidamente expulsado.

Juicio académico en la Universidad Nacional de Río Negro

La presentación contó con las firmas de Nilo Fulvi, Marcelo Torph, Miguel Ciliberto, María Esperanza Casullo y Mariana Rulli -directora y subdirectora de la maestría en políticas públicas-, Juan Pablo Bohoslavsky -director de la maestría en Derecho Administrativo Global-, Raúl Aragón y Ricardo Tappatá -director de la carrera de Administración-, entre otros.

Señalaron que Vior "trabajó hasta 1982 para el diario Convicción. Los resultados de la inspección de la Comisión de la OEA fueron de público conocimiento mucho antes. Ese informe relataba las atrocidades que ocurrían precisamente en la ESMA, que funcionaba en la misma órbita que el diario Convicción".

En la misiva presentada los solicitantes pidieron también que se investigue si el docente incurrió en los delitos de sedición y de apología del crimen, y expresan que "lo que Eduardo Vior hizo durante la dictadura y cómo hoy él mismo lo intenta legitimar con argumentos históricos y políticos, son contradictorios con los valores que una Universidad Nacional debe promover: la democracia y los derechos humanos son valores supremos".

Recordaron que el diario Convicción "utilizó trabajo esclavo de la ESMA, lugar donde se han cometido las peores atrocidades durante la dictadura."

Vior había argumentado “que necesitaba mantener a su familia aunque los solicitantes del juicio académico en 2010 se interrogaron ¿por qué motivo continuó siendo columnista por dos años más desde Alemania cuando ya contaba con una beca?". También consignaron que "en el descargo que presentó ante la universidad esgrime un argumento, distinto, aun más grave que el precitado.

Sostiene que contribuyó en el diario en virtud de una decisión consciente y deliberada: es decir que, “colaborar con ese diario pro-genocida fue una decisión voluntaria, libre y sostenida en el tiempo" concluyo el tribunal académico.

[1] http://blog.planalto.gov.br/wp-content/uploads/2010/12/C%C3%BApula-Social-do-Mercosul-vers%C3%A3o-DEFINITIVA.pdf


Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes, y nosotros tambien.

Cuando muere un hijo de puta

Por Dante López Foresi 
 
- En varias redacciones ya se encuentran confeccionadas las notas necrológicas de varias personalidades aún vivas de nuestro país. Los jefes de redacción solo esperan la muerte de cada quién para dar la orden de publicación "con el dolor por la pérdida irreparable" de cada caso. Esto es así, porque en el imaginario argentino no es novedad que la muerte santifica y exculpa hasta a las almas más siniestras. La única distinción terrenal periodística entre buenos y malos se limita a la extensión de la necrológica: cuanto mejor persona fue en vida, más extensa es la nota, y viceversa. El único castigo que merecen los hijos de puta es ser relegados a un simple recuadro recordatorio o al último titular en importancia del día de su muerte. Jamás la condena verbal y escrita. Quizás sea así porque la muerte ajena siempre nos remite a nuestra inexorable muerte futura. Hasta resulta difícil conjuga r tiempos verbales cuando nos referimos al único fenómeno humano inmodificable. únicamente en comentarios domésticos se suele escuchar: "que paradoja...murió una buena persona y hay tanto hijo de puta caminando por la calle...". Y es tomado con toda naturalidad que los turros mueran en una cama, sin dolor, de viejos y sin castigo. Aún nos conformamos con la idea del "castigo divino", y en él depositamos nuestra propia responsabilidad de señalar con el dedo y la palabra. Es que la muerte no deja de ser un episodio tan natural como el nacimiento. Creemos que nacemos buenos y nos intoxicamos con el paso de los años. Pero no evaluamos que intoxicarse es una decisión humana. Los valores y principios suelen ser nuestro antídoto contra la toxicidad de la vida. Nos permiten no alejarnos demasiado de esa supuesta pureza que tuvimos al nacer. Y valores y principios es -justamente- lo que no existe en el mundo de los hijos de puta. Es medianamente sencillo entender por qué suponemos que nacemos puros, pero...¿alguien puede afirmar desde su corazón que la muerte nos devuelve a todos ese perfil casi inmaculado que tuvimos tras nuestro primer llanto?. Todo parece indicar que nos resultará muy complicado llegar a la madurez suficiente como para poder leer en grandes titulares la leyenda..MURIÓ UN HIJO DE PUTA.

En primer lugar porque que hay conceptos y creaciones lingüísticas insustituibles, como ya lo dijeron Gabriel García Márquez y el negro Roberto Fontanarrosa en el último Congreso Internacional de la Lengua. El concepto "hijo de puta" no posee en nuestro idioma otros que lo reemplacen. Y no es un insulto a las madres, como suelen afirmar los minusválidos intelectuales. Es toda una definición de un estilo y una filosofía de vida deliberadamente elegida. Si bien algunos creen que "mala persona" es un concepto alternativo. Pero no. "Mala persona" es un concepto cargado de subjetividad y creado desde la opinión de las víctimas ocasionales. En cambio, un hijo de puta es una mala persona indiscutible, y es una definición ecuánime. No es simplemente alguien que se comporta como mala persona. Ser mala persona es una parte ínfima de su elegido estilo de relacionarse con los demás y de considerar al mundo de los afectos. La diferencia es visible: cualquiera puede ser considerado como mala persona por actitudes juzgadas por terceros. Pero en estos casos existe la posibilidad de error y reparación. Un hijo de puta no desea jamás la reparación, pues ser hijo de puta es su esencia. Una supuesta mala persona puede llegar a considerar la posibilidad de curarse luego de leer a Almafuerte. Pero un hijo de puta ni siquiera evalúa esa posibilidad. Ha elegido serlo hasta su muerte. Y repito esta idea: "ha elegido" ser un hijo de puta. Es su responsabilidad. Muchos de ellos hasta sienten placer y una sensación de "poder" al ser señalados como tales. Se jactan de su "hijoputez".

Podría caer en la simplificación de suponer que hijo de puta se nace. Sin embargo opto por seguir respetando aquella esperanzadora creación cultural de los bebés incorruptos. De este modo, hijo de puta deja de ser un adjetivo calificativo (o descalificativo) sino toda una definición humana. Y en esta alquimia que es vivir, el mundo se divide a menudo entre buena gente por un lado, e hijos de puta por el otro. Nótese que deliberadamente evito escribir eufemismos tales como "hijo de p..." o "hdp", por considerarlos prejuicios cobardes idiomáticos. El idioma es por definición una serie de símbolos que las sociedades nos ponemos de acuerdo en utilizar para definir cosas, personas, actos, etc. Y creo que todos estamos de acuerdo, aunque en privado tengamos reparos en mencionar ciertas palabras, en qué significa exactamente un hijo de puta. Cuando George Bush (pido perdón por utilizar por primera vez una palabrota en este artículo) define al supuesto "eje del mal" intenta precisamente calmar a la especie señalándole donde están los buenos y donde los hijos de puta. Sin embargo, todos sabemos que en ambos extremos del supuesto eje hay hijos de puta asociados. Bush solo intentó distraer la atención denunciando primero, como si la primicia en nuestra cultura también santificara. Como la muerte.

Sin embargo, usted y yo sabemos distinguir nítidamente. Habiendo frente a nosotros tantos ejemplos cotidianos de buena gente que vive para hacer el bien desinteresadamente y por el solo placer de hacerlo, me parece un deber señalar inequívocamente a los hijos de puta. Sin eufemismos. Porque no consideraríamos al blanco como claro, si no lo comparásemos con la oscuridad de negro. Y precisamente para resaltar la claridad del puro, debemos previamente mostrar "claramente" su opuesto. Cuando murió Augusto Pinochet, a modo de ejemplo, consideré un sacrilegio para con las almas nobles leer varios titulares que decían "murió el ex dictador" y hasta algunos que osaron informar que "murió el ex presidente de Chile". No señor. Me resisto a que la noticia sea publicada de otro modo que diciendo: "murió un hijo de puta". Y vuelvo a la comparación con su concepto más parecido. Una mala persona solo provoca dolor entre sus cercanos. Pero solamente un hijo de puta lo hace deliberadamente y midiendo perfectamente las consecuencias. No significa esto que solamente quienes cometen genocidios pueden ser definidos como hijos de puta. Cada uno de nosotros tiene a la vista sus hijos de puta privados. Y nos enorgullece ser sus víctimas, y jamás sus aliados. Eso nos diferencia y distingue.

Esta serie de reflexiones solo intenta extirparnos del alma ese sentimiento impuesto por la tradición judeo-cristiana: la culpa. Y sentimos culpa cuando sobreviene el alivio tras la muerte de un hijo de puta. Que desconozcamos la muerte, que todo lo desconocido nos atemorice, que nos aterrorice su sola idea, que tengamos como única certeza humana que la muerte nos alcanzará algún día y que nos consideremos buenas personas por no desear íntimamente la muerte de nadie no debe detenernos a la hora de expresar nuestras reacciones ante la muerte de alguien que es el único responsable de ser considerado un hijo de puta. Lo que sentimos es genuino, por más censuras que nos impongan los dogmas y la tradición. Y no debemos hacerlo únicamente para evitar psicoanalistas que nos ayuden a liberar nuestros sentimientos reprimidos. Tenemos la obligación de marcar la diferencia entre muertos en honor a tanta buena gente cercana o no, que se nos aleja diariamente. No es justo impartir el mismo trato generoso a dos almas, si una es noble y la otra decidió no serlo. La muerte no nos iguala. La muerte termina con nosotros, que es otra cosa.

La vida, Dios, los mandatos y los titulares de los diarios no tienen derecho de actuar tan injustamente al pretender que el natural hecho de la última exhalación provoque automáticamente el veredicto que indica que una vida guiada por la decencia sea considerada similar a la existencia de un hijo de puta. Cuando alguien muere injusta y prematuramente, es válido dudar hasta de la existencia de Dios, pues la fuente de toda justicia no tiene derecho a hacer excepciones tan dolorosas. Cuando una persona amada por sus amados muere, es también válido sentir no solamente el dolor objetivo que esa pérdida provoca, sino el adicional por intuir nuestra propia e inexorable muerte futura. Pero cuando quien muere es alguien que dedicó su vida por elección personal a hacer daño, a convertir el oro en barro, a pisar los brotes nacientes, a traicionar confianzas, a quitarle el pan de la boca a sus hijos para entregárselo a bocas prostituidas y una interminable lista de etcéteras, en este caso no solo podemos, sino que debemos afirmar sin culpas ni temores: murió un hijo de puta.

OBITUARIO CON HURRAS

Por Mario Benedetti


Vamos a festejarlo
Vengan todos
Los inocentes
Los damnificados
Los que gritan de noche
Los que sufren de día
Los que sufren el cuerpo
Los que alojan fantasmas
Los que pisan descalzos
Los que blasfeman y arden
Los pobres congelados
Los que quieren a alguien
Los que nunca se olvidan
vamos a festejarlo
vengan todos
el crápula se ha muerto
se acabó el alma negra
el ladrón
el cochino
se acabó para siempre
hurra
que vengan todos
vamos a festejarlo
a no decir
la muerte
siempre lo borra todo
todo lo purifica
cualquier día
la muerte
no borra nada
quedan
siempre las cicatrices
hurra
murió el cretino
vamos a festejarlo
a no llorar de vicio
que lloren sus iguales
y se traguen sus lágrimas
se acabó el monstruo prócer
se acabó para siempre
vamos a festejarlo
a no ponernos tibios
a no creer que éste
es un muerto cualquiera
vamos a festejarlo
a no volvernos flojos
a no olvidar que éste
es un muerto cualquiera
vamos a festejarlo
a no volvernos flojos
a no olvidar que éste
es un muerto de mierda.

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