DEMASDEMASIADO PROGRE PARAm MACRI

“Así como la monarquía terminó con el feudalismo y la república terminó con la monarquía, la democracia popular terminará con la democracia liberal burguesa y sus distintas evoluciones democráticas de que hacen uso las plutocracias dominantes”
Juan Domingo Perón

"EL PERONISMO NO SE APRENDE NI SE PROCLAMA, SE COMPRENDE Y SE SIENTE"
EVITA


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10 años y el CONICET

A 10 años de los episodios del 19 y 20 de diciembre, la foto de ayer reaparece veladamente a través de cada intento por boicotear lo conquistado. Lo vimos con los ataques a las Madres, a Zaffaroni y por su intermedio a la Corte que reemplazó los jueces de la servilleta. Más cerca en el tiempo le llegó el turno al boicot a Aerolíneas. Otras vez a las Madres y ahora también cayó en la volteada el CONICET.

La semana pasada desde las páginas de Clarín y La Nación se acusó al CONICET de querer imponer un "pensamiento único", llegándose a relacionarlo con el funcionamiento de la Junta militar entre 1976 y 1983.

CONICET es el eje del sistema científico. La repatriación de 800 científicos, caso único en nuestra historia y con pocos correlatos internacionales, es la punta del iceberg de muchos logros en materia de ciencia alcanzado por Argentina en los últimos 8 años. Fue fundamental en esto que el CONICET pudiera funcionar con autonomía, eligiendo sus directores y recibiendo del Estado el presupuesto más alto de la historia. Los resultados son consecuencia de independencia de criterios y sustento de parte del Ministerio de Ciencia creado por Cristina.

CONICET se convirtió en lo que nunca había sido: un ejemplo de democratización en el más amplio de los sentidos. Ya sea por la elección de su Directorio por parte de los mismos investigadores y por la ampliación de posibilidades para gente idónea que tradicionalmente debía elegir entre manejar un taxi o Ezeiza. Para ello se implementó el programa Raíces que logró el retorno de muchos investigadores, se aumentó el presupuesto, creándose nuevos institutos y laboratorios y se incorporaron un número inédito de becarios e investigadores, alcanzando Argentina una relevancia internacional que sólo por algunas iniciativas personales había tenido su producción científica.     

¿Cómo se pueden dar vueltas las cosas para que un logro que debe llenarnos de orgullo se convierta en un parangón de lo peor de nuestra historia? Esa es obra de quien se siente dueño de escribir "la" historia, así, de la misma manera que escribe "ésta" historia.  Es Luis Alberto Romero, devenido en empleado de Clarín y La Nación sin abandonar su función de fiscal de "la" historia. Romero la semana pasada publicó dos deplorables notas a partir de un mero comunicado administrativo que habla de que institucionalmente el directorio del CONICET sólo se manifestará con un único discurso (cosa obvia y lógica en cualquier institución) y maliciosamente los reiterpretó para decir que de esa forma el gobierno opera para disciplinar a la ciencia argentina, con comunicados que son propios de la dictadura militar. Ergo CONICET funciona igual que la Junta Militar. http://www.lanacion.com.ar/1431165-mordaza-en-el-conicet-limitan-la-voz-de-los-cientificos/  o  http://www.clarin.com/opinion/unidad-discurso-marcha_0_607739259.html

Pero también como él aparece otra voz de un "progre" "independiente" que aspira a obtener el anhelado logro de convertirse en empleado de la corporación mediática, me refiero a Andrés Carrasco, cuyo ego le impide sentirse parte de un colectivo mayor de investigadores. Carrasco se plegó a la operación de prensa con una nota que circuló por Internet, igualmente agraviante para quienes integramos la comunidad científica y no aceptamos que se nos trate de "disciplinados" o de "oportunistas" que agachamos la cabeza ante el "pensamiento único" que supestamente se nos estaría imponiendo desde el gobierno. http://renace.net/?p=1639

Pero no es la primera vez que ambos buscaron incidir sobre el destino del CONICET. Hace exactamente 10 años, uno, Carrasco, era Presidente del CONICET impuesto por De la Rúa (no elegido por ningún investigador), y el otro, Romero, el ideólogo de un plan que el Secretario de Ciencia, Dante Caputo impulsó hasta sus últimas consecuencias. Carrasco y Romero fueron entonces piezas clave de dicho plan consistente, ni más ni menos, que en forzar el cierre del CONICET, invocándose falta de idoneidad de los investigadores y la posibilidad de que las Universidades absorban los mejores recursos humanos. Esa era la contribución que se hacía al ajuste estructural requerido por el FMI y que en materia de ciencia no tenía otro camino que el pensamiento único, o del de los poquísimos que quedaban con posibilidades de investigar.

Por eso el 2001 no es historia. Aparece a la vuelta de la esquina agazapado.

Hoy Romero y Carrasco puede investigar en CONICET, como muchos otros investigadores y becarios. Esa multiplicidad de voces no tenía lugar hace 10 años y la crisis fue también una explosión ante la asfixia de voces, ante la falta de diversidad. Frente a la ampliación de oprtunidades para investigar con diversidad y libertad, como nunca sucedió en la Argentina, aparecen quienes añoran sus privilegios de los tiempos en los que la salida para la mayoría de los investigadores era Ezeiza.

La indignación por la operación de prensa construida por Romero desde Clarín y La Nación, quedó reflejada en la solicitada (que ilustra la nota) aparecida hoy en Página 12, firmada por más de 500 investigadores a partir de una nota que sólo tuvo 3 días de circulación vía e-mail. De más está decir que existe una amplia pluralidad ideológica entre los firmantes, investigadores en su mayoría de larga trayectoria académica.

Gustavo Vallejo Investigador del CONICET

¿Dónde estás?

Eduardo de la Serna

Algunos artículos, algunos correos, algunos comentarios me invitan a pensar. No porque comparta, precisamente. Pero pensar es sano. Es signo de estar vivo.

Para empezar, quiero partir de lo que –me parece- es el punto de partida. Y esto es el “dónde” o “desde dónde”. En América Latina es un tema fundamental en el pensamiento teológico. Y es particularmente crítico de lo que parecen dos puntas del pensamiento. Por un lado, el que mira desde su burbuja, y se desentiende de la vida y muerte de los pobres, es el que sólo se mira a sí mismo, el que levanta como bandera que “los límites de uno terminan donde empiezan los del otro”, con lo que los seres humanos parecemos una suerte de mónadas, de cosas aisladas… o –sobre todo- que no me molesten. Que hagan lo que quieran pero que no me afecten. La suerte de los y las otros/as no me importa si no me toca directamente. Con cierto simplismo, se los suele ubicar en la “derecha”, el liberalismo. Otro grupo, mira desde el mundo de las ideas. Pretende ir más allá de sí mismo, y es capaz de mirar a los otros, e incluso pretende hacer cosas por los otros y hasta pretende comprometerse por los otros. Incluso hablan de “popular” en algunas ocasiones. Pero no salen de su otra burbuja. Hablan “de” los otros, pero no “desde” los otros. Con el mismo simplismo, este grupo mira y analiza desde las ideas, desde arriba. Se pone por encima. Incluso, lo que “los otros” dicen, viven o eligen lo hacen porque parecen no tener nuestra lucidez, capacidad, o nuestra independencia.

En lo eclesiástico, por ejemplo, unos pretenden que la oración, el culto, los ritos “me” sirvan, “me” den paz, o incluso es cosa “entre Dios y yo”. Los otros, miran la fe de “los otros” como “superstición”, “folclórico”, o –a lo sumo- es “su manera” de relacionarse con Dios. No es la mejor, por cierto.

En lo político, unos no se preocupan de proyectos que beneficien a “los otros”, sólo me importa lo que me beneficie a mí (aunque otros se perjudiquen, tantas veces). Los otros, hablan desde las ideas, impolutas, asépticas. Y –a lo sumo- toleran con un dejo de tristeza y otro de paternalismo, las opciones de “los otros” que no son tan “puras” o “ilustradas” como “yo sé” que debieran ser. Son los progresistas.

Los artículos a los que hacía referencia, parecen a veces tan puros e inmaculados que –a lo mejor por eso- son incomprensibles para el ruidoso, enmarañado y confuso mundo de los pobres. Dejo de lado los que analizan con cara de intelectuales (o pluma de intelectuales) pero no parecen en lo más mínimo interesados en la vida y muerte de los pobres. Me refiero a los que considero honestos, a los que ellos mismos parecen creer que son honestos, que descargan baterías de argumentos para convencerse de que están en el camino correcto, o en el análisis iluminado e iluminador, pero que no pueden entender el mundo de los pobres (aunque crean hablar en nombre de ellos en más de una ocasión). Su “desde dónde” piensan o escriben me resulta tan ajeno que es –a su vez- incomprensible, particularmente para los pobres.

Pero además, me surge otra pregunta: los que hablan, escriben, piensan y lo que hablan, escriben y piensan, ¿no tiene ingerencia, o repercusiones en “los otros”? Es decir: el comentario religioso, o político, por más que pretenda ser aséptico y puro, ¿no afecta de un modo ajeno al mundo de los pobres? Quiero decir: el que escribe de cosas políticas, está haciendo política. No hay dudas de eso. Y no hay política aséptica. Por más que crea ser puro o pura en el análisis, por más que crea que ilumina en el análisis, lo menos que me parece que se puede decir es que no afecta al mundo de los pobres, y –en general- si lo afecta, lo afecta negativamente. Cree hablar y hacer política desde la pureza impoluta del mundo de las ideas, y no solamente habla en un lenguaje incomprensible para los pobres, sino que habla desde un lugar ajeno a los pobres, y con perspectivas ajenas a los pobres. Y –lo que es habitual- siendo usado (sino funcional) precisamente a los que no les interesan los pobres, a los que creía defender. En lo personal, creo que el “desde dónde” hablo, pienso, o escribo es el punto de partida principal. Allí quiero estar. Desde allí quiero pensar. Desde allí escribo.

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