DEMASDEMASIADO PROGRE PARAm MACRI

“Así como la monarquía terminó con el feudalismo y la república terminó con la monarquía, la democracia popular terminará con la democracia liberal burguesa y sus distintas evoluciones democráticas de que hacen uso las plutocracias dominantes”
Juan Domingo Perón

"EL PERONISMO NO SE APRENDE NI SE PROCLAMA, SE COMPRENDE Y SE SIENTE"
EVITA


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Hablar bien no cuesta un carajo

Un amigo mío del que suelo colgar cosas más interesantes, me envió por mail este texto que reproduzco.  Como nunca está de más saber de que se habla cuando se idem, va este descolgado de fin de semana largo que le agradezco a Ricardo.  
Que lo disfruten.

En el lenguaje cotidiano de los argentinos, existen muchas expresiones coloridas de significado bien preciso y que es bueno conocer su origen.   Cuanta gente hay que las utiliza sin saber de donde vienen.
 
AGARRATE CATALINA
Catalina pertenecía a una familia de trapecistas que trabajaban en un circo recorriendo los barrios porteños en los años cuarenta.
Su bisabuela, su abuela y su madre habían muerto durante diversas actuaciones circenses.
La gente, que conocía su historia, a modo de cábala y antes de cada función le decía "¡Agarrate bien, Catalina!”.
Con el correr del tiempo la frase se fue deformando hasta llegar al conocido "Agarrate, Catalina”.
Antes de cada actuación, alguien del circo gritaba "Agarrate Catalina".
Hasta que una vez la persona que debía pronunciar la frase no estaba presente.
Así fue como la pobre Catalina terminó muriendo a los 25 años durante una función del circo en el barrio de San Telmo.
Se emplea para avisar que se debe estar alerta, ante una situación que no pinta fácil.

NO QUIERE MÁS LOLA
Frase "made in Argentina".  Lola era el nombre de una galleta sin aditivos que a principios del siglo XX integraba la dieta de hospital.
Por eso, cuando alguien moría, se decía: "Este no quiere más Lola".
Y desde entonces se aplica a quien no quiere seguir intentando lo imposible.

HASTA QUE LAS VELAS NO ARDAN
Se originó en los prostíbulos, en épocas en que no existía la luz eléctrica y los relojes eran objetos de lujo.
La madama le entregaba al cliente una o varias velas, según lo pagado.
Cuando se consumían, el turno había concluido, esto es, había sexo "hasta que las velas no ardan".

PONER LOS CUERNOS
De el "derecho de pernada" que se dice le asistía al señor feudal en la Edad Media , derivó lo de "poner los cuernos".
Antes de acostarse con la novia, el caballero feudal colgaba en la puerta una cornamenta de ciervo para advertir que nadie entrara so pena de ser decapitado por haber interrumpido el placer del noble. 
Mientras tanto, el marido llamaba orgulloso a sus vecinos para mostrar que su señor feudal le había hecho el honor de "ponerle los cuernos".
VIVA LA PEPA
Contra lo que pudiese creerse, "viva la Pepa" no es el grito de alegría de un buscador de oro, sino el que usaban los liberales españoles en adhesión a la Constitución de Cádiz, promulgada el 19 de marzo de 1812, en la festividad de San José Obrero.
Como a los José se los apoda Pepe, en vez de decir "viva la Constitución" - lo que conllevaba llegar a ser reprimidos - los liberales gritaban
"viva la Pepa".     Hoy, en Argentina, su significado se ha desvirtuado y más bien se parece a  "piedra libre" o "vale todo".

ATAR LOS BÁRTULOS
"Atar los bártulos" alude a Bártulo de Sasso-Ferrato, jurisconsulto de la Edad Media , profesor de Derecho en Pisa, Bolonia y Padua, cuyas obras -contenidas en trece volúmenes- sirvieron de base de estudio durante tres siglos.
Los estudiantes tomaban nota de ellas y luego ataban esos apuntes, a los que llamaban bártulos, para que las hojas no se les perdieran.
Hoy la expresión alude a preparar una mudanza.

ATORRANTES
Lo de "atorrantes" viene de cuando a principios del siglo pasado depositaron unos grandes caños de desagüe en la costanera del Río de la Plata, frente a la Casa de Gobierno, en lo que hoy es Puerto Madero.
Estos caños tenían la leyenda "A. Torrant et Cie." (nombre del fabricante) escrito en letras grandes a lo largo de cada segmento de caño.
Estos caños estuvieron más de un año depositados en el lugar antes que por fin los enterraron.
Durante ese tiempo, muchos desvalidos, vagos, linyeras y sujetos de avería que rondaban por la zona los utilizaron para esconderse, dormir y hasta vivir en ellos.  Surgió así el "se fue a vivir a los caños", que con el tiempo evolucionó hasta quedar en "se fue a los caños".
Y a los que hicieron de los caños un hogar se los llamó "atorrantes" y por extensión se utilizá para referirse a toda persona pendenciera, de mal comportamiento, etc.
   
CROTO
Lo de "croto" viene del Ministro Crotto (Obras Públicas y/o Transporte) de la década de los veinte cuando éste implementó la extensión de una especie de certificado de pobreza, que permitía al portador poder viajar gratis en los tranvías y trenes, dentro de la Ciudad de Buenos Aires y posiblemente también de la Provincia de Buenos Aires.
Hoy en día se denomina con este nombre a toda persona mal vestida, o que su apariencia denota un estado de indigencia.

Medio pan y un Libro

Un gran amigo me envió esto para el día del amigo y lo comparto con ustedes.
También comparto lo que le decía a mi amigo desde la ironía.
 
Bién muerto está Federico, no se equivocaron los fascistas, ¿que sería de este mundo si durante 80 años hubieran triunfado personas como él?, ¿como se podrían apoderar del pensamiento de los pueblos para que éstos sostengan a sus victimarios?, ¿como sembrarían el mundo de fantasmas inexistentes?, ¿a quienes se les podría vender el individualismo que conduce "inexorablemente al éxito"?, como dice Ray Bradbury en su novela Fahrenheit 451 "Los libros solo hacen infelices a las personas"
 
Medio pan y un libro.

Alocución de Federico García Lorca al pueblo de Fuente Vaqueros (Granada) en septiembre de 1931: 

"Cuando alguien va al teatro, a un concierto o a una fiesta de cualquier índole que sea, si la fiesta es de su agrado, recuerda inmediatamente y lamenta que las personas que él quiere no se encuentren allí. «Lo que le gustaría esto a mi hermana, a mi padre», piensa, y no goza ya del espectáculo sino a través de una leve melancolía. 
 
Ésta es la melancolía que yo siento, no por la gente de mi casa, que sería pequeño y ruin, sino por todas las criaturas que por falta de medios y por desgracia suya no gozan del supremo bien de la belleza que es vida y es bondad y es serenidad y es pasión.
 
"Por eso no tengo nunca un libro. porque regalo cuantos compro, que son infinitos, y por eso estoy aqui honrado
y contento de inaugurar esta Biblioteca del pueblo, la primera seguramente en toda la provincia de Granada.


"No sólo de pan vive el hombre. 
Yo, si tuviera hambre y estuviera desvalido en la calle no pediría un pan; sino que pediría medio pan y un libro. 
Y yo ataco desde aquí violentamente a los que solamente hablan de reivindicaciones económicas sin nombrar jamás las reivindicaciones culturales que es lo que los pueblos piden a gritos. 
Bien está que todos los hombres coman, pero que todos los hombres sepan. 
Que gocen todos los frutos del espíritu humano porque lo contrario es convertirlos en máquinas al servicio de Estado, es convertirlos en esclavos de una terrible organización social.

"Yo tengo mucha más lástima de un hombre que quiere saber y no puede, que de un hambriento. Porque un hambriento puede calmar su hambre fácilmente con un pedazo de pan o con unas frutas, pero un hombre que tiene ansia de saber y no tiene medios, sufre una terrible agonía porque son libros, libros, muchos libros los que necesita y ¿dónde están esos libros?
"¡Libros! ¡Libros! 
Hace aquí una palabra mágica que equivale a decir: «amor, amor», y que debían los pueblos pedir como piden pan o como anhelan la lluvia para sus sementeras. 
Cuando el insigne escritor ruso Fedor Dostoyevsky, padre de la revolución rusa mucho más que Lenin, estaba prisionero en la Siberia, alejado del mundo, entre cuatro paredes y cercado por desoladas llanuras de nieve infinita; y pedía socorro en carta a su lejana familia, sólo decía: «¡Enviadme libros, libros, muchos libros para que mi alma no muera!». 
Tenía frío y no pedía fuego, tenía terrible sed y no pedía agua: pedía libros, es decir, horizontes, es decir, escaleras para subir la cumbre del espíritu y del corazón. 
Porque la agonía física, biológica, natural, de un cuerpo por hambre, sed o frío, dura poco, muy poco, pero la agonía del alma insatisfecha dura toda la vida.
 

"Ya ha dicho el gran Menéndez Pidal, uno de los sabios más verdaderos de Europa, que el lema de la República debe ser: «Cultura». Cultura porque sólo a través de ella se pueden resolver los problemas en que hoy se debate el pueblo lleno de fe, pero falto de luz".
 
Gracias Luis Lancha (el verdadero receptor del mail)

La batalla cultural y los monopolios mediáticos e intelectuales

Hace un tiempo comentaba a un amigo que lo último que dijo Alfonsín (me refiero al padre, no el mamarracho que hoy mendiga los votos de Macri) fue “perdimos la batalla cultural”.  Mi amigo me respondió. “¿Qué batalla si nunca planteó pelea en serio con nadie?”.  Tan cierta como esta respuesta era el hecho de que el alfonsinismo afianzó un status quo de la cultura, encargado en evitar dar esa batalla.
Durante la primavera alfonsinista floreció la intelectualidad “progre”.  El Club de Cultura Socialista, liderado por Beatriz Sarlo fue destinatario de ingentes recursos (que por otra parte faltaban en demasía en la Universidad pública, CONICET, etc.).  Podían publicar su revista, hacer films, dar entrevistas, aparecer en todos los ámbitos académicos como "los" intelectuales de la democracia. La primavera alfonsinista también prohijó a Sábato, autor de un Prólogo para el libro Nunca más, en el que se instaló la “teoría de los dos demonios”, utilizada siempre como alegato para liberar genocidas. También “floreció” Aguinis, Secretario de Cultura, cargo que ocupó en un breve lapso tras el cual pasó a cobrar una jubilación de privilegio a pesar de continuar publicando libros como máquina de hacer chorizo. Y en todos lados estaba Luis Alberto Romero, algunos dirán por portación de apellido -su padre fue un gran historiador-, pero antes que nada dejaba a donde iba su credencial antiperonista. 
El menemismo no modificó sustancialmente este escenario de intelectuales “protegidos” por el poder.  En todo caso se sumaron periodistas que con mucha comodidad se adecuaron a ocupar un lugar en el que no molestaban.  Por ejemplo, Verbitsky no pudo seguir estando en el programa de Lanata a pedido del dueño de Canal 2 que era Manzano.  Ahí estaba el límite entre lo tolerable y lo intolerable –que también servía de válvula de escape- para el prostibulario menemato.   
Las grandes contribuciones de nuestros intelectuales “protegidos” por el poder quedaron a la vista en la producción cultural de la Argentina de los ´80 y los ´90.  Mientras ellos ocupaban todos los espacios y eran poseedores de buena parte de los magros recursos que destinaba el Estado en cultura, entre la mitad y ¾ partes de investigadores argentinos tenían que vivir en el exterior.
Luis Alberto Romero, explicó la crisis de 2001, como la consecuencia del mal endémico de la Argentina: el poder sindical.  Y agregó que cada vez que el pueblo ocupó la Plaza de Mayo ocurrió una tragedia en nuestra historia.  Su pronóstico para lo que se venía después del fin del gobierno de De la Rua era el peor. Una especie de precursor de pronosticadores de catástrofes que pasaron a abundar en la política argentina.
Lo que Romero no pudo predecir, ni ninguno de los intelectuales “protegidos” por el poder en Argentina, es que en 2003 comenzaría a darse esa “batalla cultural” tantas veces declamada.  Allí comenzó a patearse el tablero y lo que vino fue para aquellos el “infierno tan temido”.  Romero pasó a tener en 2004 una Cátedra paralela, al tiempo que Sarlo y sus amigos “progre” llenaban con solicitadas los diarios pidiendo la exclusividad de Romero.  La defensa corporativa de los “amigos progre” se convirtió en una ofensiva ¿Cómo podía ser que en Filosofía y Letras de la UBA existieran otras voces además de la de Romero?
Y volvieron los investigadores de su exilio económico, al que los había confinado la concentración de poder académico de los “progres” que sumaban tantas cocardas como y cargos. Y vinieron nuevas Universidades que dieron nuevos lugares, y retornaron más investigadores y el CONICET abrió todos los años el ingreso a la Carrera del Investigador –llegó a estar 10 años cerrada-.  Las puertas de la cultura se abrieron de par en par y de golpe aparecieron nuevas voces donde siempre se habían oído las mismas de siempre.
Y los monopolios mediáticos pasaron a canalizar la defensa de la libertad de expresarse exclusivamente, como lo habían hecho los Sarlo, Romero, Aguinis, Lanata.  Y a brindarle espacio para que se expresen contra ese poder "tiránico" que se había vuelto contra ellos al darle oportunidades a todos por igual.  Porque en definitiva la democracia había llegado a la cultura y los intelectuales siempre “protegidos” buscaron refugio en un poder que ahora era económico y se concentraba en los monopolios mediáticos. Clarín, La Nación, Ñ, Perfil, Viva, eran ahora, el lugar en el que su única voz quedaba a salvo de cruzarse con otras.   
Desde allí lanzaron y lanzan hoy a capa y espada su "batalla cultural".  Que no es en favor de la pluralidad, del avance del conocimiento científico, de la cultura, de los intereses de todos.  Es la batalla por defender su monopolio, la exclusividad de su voz, su única forma de entender la cultura. 

Gracias Gustavo

Macri y la cultura


Digamos para ser correctos, que el área de cultura, no es el fuerte de Mauricio.
Los descalabros de su ministro de Educación Esteban Bullrich que enchido de orgullo patrio twitteó: “La decisión que tomé fue reducir los contratos de nuestra propia gestión, la estructura política, no estamos reduciendo planta docente”, pero la realidad nos muestra que ya son más de cien entre los dados de baja en las áreas de Currícula, Evaluación, Inclusión Social, Infraestructura Escolar, entre otras.
El teatro Colón, mostrado con orgullo como el mascarón de proa de una política Macrista en cuanto a ¿cultura?, es en realidad una mascarada superficial, mediocre y showbussinesiana, marketinera, de cartón piedra, que oculta el despropósito de quien tiene como único dios al signo $.  Así como su mirada se posó en los neuropsiquiátricos solo por su valuación inmobiliaria, lo que menos se preservó del coliseo, fué su historia y herencia.  El liffting facial oculta una obra que lejos está de concluir.  El polvillo en suspensión que notaron algunos de los presentes en la gala del 24, fue la evidencia irrefutable de que no todo brilla en el Colón.  Las obras en ejecución, sobrepasan enormente a lo concluído y aún falta presupuestar el sector "C" que casualmente es el que albergará a la sinfónica.
Los escenarios, vestuarios, biblioteca, históricos y únicos registros de audio y video, descanzan despreocupadamente en contenedores sin ningún cuidado particular.  Lease control de temperatura, humedad, o cualquier mínimo detalle que de a suponer que se está preservando el patrimonio.
Si bien hay una medida cautelar que se interpone a la resoluciones 7 y 1224, en la que disolvían once sectores del teatro: dos artísticos (figurantes y maestros líricos), siete escenotécnicos (fotografía; grabación, audio y video; mecánica escénica, diseño de producción, arquitectura teatral, efectos especiales y prevención de incendios), administración y mayordomía, y  transfería personal de esos sectores al Instituto Superior de la Carrera del Gobierno porteño para su reubicación, el desplazamiento de casi 300 trabajadores aún está vigente y eso nos permite disfrutar de un artesano, formado por decenas de años de trabajo, repartiendo turnos en algún destruído hospital municipal.
El fin último, como en todo emprendimiento que nuestro niño rico encara, es tercerizar todas las áreas del teatro que primeramente destruye, a fin de conchabar algún amigo a un costo que seguramente triplique el original, pero en condiciones de "libre mercado".
Pese a eso y, yo creo que como consecuencia de eso, hoy "Almorzando con Mirtha Legrand" se transmite desde el Colón.
Digo yo, ¿el Jefe de Gobierno de la ciudad Buenos Aires estará dispuesto a explicar esta acción como un hecho cultural, a la altura del Teatro Colón, o tendremos que escucharlo en unos meses, como en otras ocasiones, reconociendo errores y pidiendo disculpas?.
Realmente es una lástima que muchos ciudadanos de Buenos Aires piensen, que quien no supo NUNCA administrar ni las empresas de su padre, pueda administrarles su ciudad. 

LA AVENTURA DEL CONOCIMIENTO Y EL APRENDIZAJE

Por  Alejandro Dolina

La velocidad nos ayuda a apurar los tragos amargos. Pero esto no significa que siempre debamos ser veloces. En los buenos momentos de la vida, más bien conviene demorarse. Tal parece que para vivir sabiamente hay que tener más de una velocidad. Premura en lo que molesta, lentitud en lo que es placentero. Entre las cosas que parecen acelerarse figura -inexplicablemente- la adquisición de conocimientos.
En los últimos años han aparecido en nuestro medio numerosos institutos y establecimientos que enseñan cosas con toda rapidez: "....haga el bachillerato en 6 meses, vuélvase perito mercantil en 3 semanas, avívese de golpe en 5 días, alcance el doctorado en 10 minutos....."
Quizá se supriman algunos... detalles. ¿Qué detalles? Desconfío. Yo he pasado 7 años de mi vida en la escuela primaria, 5 en el colegio secundario y 4 en la universidad. Y a pesar de que he malgastado algunas horas tirando tinteros al aire, fumando en el baño o haciendo rimas chuscas.
Y no creo que ningún genio recorra en un ratito el camino que a mí me llevó decenios.
¿Por qué florecen estos apurones educativos? Quizá por el ansia de recompensa inmediata que tiene la gente. A nadie le gusta esperar. Todos quieren cosechar, aún sin haber sembrado. Es una lamentable característica que viene acompañando a los hombres desde hace milenios.
A causa de este sentimiento algunos se hacen chorros. Otros abandonan la ingeniería para levantar quiniela. Otros se resisten a leer las historietas que continúan en el próximo número. Por esta misma ansiedad es que tienen éxito las novelas cortas, los teleteatros unitarios, los copetines al paso, las "señoritas livianas", los concursos de cantores, los libros condensados, las máquinas de tejer, las licuadoras y en general, todo aquello que ahorre la espera y nos permita recibir mucho entregando poco.
Todos nosotros habremos conocido un número prodigioso de sujetos que quisieran ser ingenieros, pero no soportan las funciones trigonométricas. O que se mueren por tocar la guitarra, pero no están dispuestos a perder un segundo en el solfeo. O que le hubiera encantado leer a Dostoievsky, pero les parecen muy extensos sus libros.
Lo que en realidad quieren estos sujetos es disfrutar de los beneficios de cada una de esas actividades, sin pagar nada a cambio.
Quieren el prestigio y la guita que ganan los ingenieros, sin pasar por las fatigas del estudio. Quieren sorprender a sus amigos tocando "Desde el Alma" sin conocer la escala de si menor. Quieren darse aires de conocedores de literatura rusa sin haber abierto jamás un libro.
Tales actitudes no deben ser alentadas, me parece. Y sin embargo eso es precisamente lo que hacen los anuncios de los cursos acelerados de cualquier cosa.
Emprenda una carrera corta. Triunfe rápidamente.
Gane mucho "vento" sin esfuerzo ninguno.
No me gusta. No me gusta que se fomente el deseo de obtener mucho entregando poco. Y menos me gusta que se deje caer la idea de que el conocimiento es algo tedioso y poco deseable.
¡No señores: aprender es hermoso y lleva la vida entera!
El que verdaderamente tiene vocación de guitarrista jamás preguntará en cuanto tiempo alcanzará a acompañar la zamba de Vargas. "Nunca termina uno de aprender" reza un viejo y amable lugar común. Y es cierto, caballeros, es cierto.

Los cursos que no se dictan: Aquí conviene puntualizar algunas excepciones. No todas las disciplinas son de aprendizaje grato, y en alguna de ellas valdría la pena una aceleración. Hay cosas que deberían aprenderse en un instante. El olvido, sin ir más lejos. He conocido señores que han penado durante largos años tratando de olvidar a damas de poca monta (es un decir). Y he visto a muchos doctos varones darse a la bebida por culpa de señoritas que no valían ni el precio del primer Campari. Para esta gente sería bueno dictar cursos de olvido. "Olvide hoy, pague mañana". Así terminaríamos con tanta canalla inolvidable que anda dando vueltas por el alma de la buena gente.
Otro curso muy indicado sería el de humildad. Habitualmente se necesitan largas décadas de desengaños, frustraciones y fracasos para que un señor soberbio entienda que no es tan pícaro como él supone. Todos -el soberbio y sus víctimas- podrían ahorrarse centenares de episodios insoportables con un buen sistema de humillación instantánea.
Hay -además- cursos acelerados que tienen una efectividad probada a lo largo de los siglos. Tal es el caso de los "sistemas para enseñar lo que es bueno", "a respetar, quién es uno", etc.
Todos estos cursos comienzan con la frase "Yo te voy a enseñar" y terminan con un castañazo. Son rápidos, efectivos y terminantes.

Elogio de la ignorancia: Las carreras cortas y los cursillos que hemos venido denostando a lo largo de este opúsculo tienen su utilidad, no lo niego. Todos sabemos que hay muchos que han perdido el tren de la ilustración y no por negligencia. Todos tienen derecho a recuperar el tiempo perdido. Y la ignorancia es demasiado castigo para quienes tenían que laburar mientras uno estudiaba.
Pero los otros, los buscadores de éxito fácil y rápido, no merecen la preocupación de nadie. Todo tiene su costo y el que no quiere afrontarlo es un garronero de la vida.
De manera que aquel que no se sienta con ánimo de vivir la maravillosa aventura de aprender, es mejor que no aprenda.
Yo propongo a todos los amantes sinceros del conocimiento el establecimiento de cursos prolongadísimos, con anuncios en todos los periódicos y en las estaciones del subterráneo.
"Aprenda a tocar la flauta en 100 años".
"Aprenda a vivir durante toda la vida".
"Aprenda. No le prometemos nada, ni el éxito, ni la felicidad, ni el dinero. Ni siquiera la sabiduría. Tan solo los deliciosos sobresaltos del aprendizaje"
.

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